Violencia persiste en corredor cultural del Centro Histórico de la CDMX
Violencia en corredor cultural del Centro Histórico de CDMX

Violencia persistente en el corredor cultural del Centro Histórico de la Ciudad de México

Desde hace aproximadamente dos años, al menos diez establecimientos comerciales, incluyendo restaurantes y bares, ubicados en el denominado corredor cultural del Centro Histórico de la Ciudad de México, han sido víctimas de una serie de actos violentos e inseguridad. Esta zona, situada entre las calles 5 de Febrero e Isabel la Católica, abarcando vías como San Jerónimo, Regina y Mesones, ha experimentado un incremento preocupante en incidentes delictivos que afectan tanto a locatarios como a comensales.

Casos emblemáticos de agresiones y extorsión

Entre los casos más destacados se encuentra el de Regina 54, donde el año pasado, un presunto grupo delictivo tomó posesión del establecimiento Dezib. Asimismo, La Caverna Marinera ha sido señalado como un punto frecuente de riñas y asaltos a clientes. En el número 70 de San Jerónimo, en Terraza Barullo’s, se han reportado hechos violentos y peleas; este lugar fue clausurado hace algunos meses, pero actualmente opera de manera clandestina vendiendo bebidas alcohólicas y es señalado como un punto de venta de drogas.

Otros incidentes incluyen la entrada de agresores a la Hostería La Bota, quienes aventaron sillas y causaron destrozos después de que se les impidiera extorsionar previamente. Hace unos meses, el bar El Silencioso tuvo que cerrar sus puertas debido a intimidaciones por parte de supuestos grupos criminales, evidenciando un patrón de violencia organizada en la zona.

Ataque reciente con lesiones graves y respuesta policial tardía

El caso más reciente ocurrió el pasado 28 de enero en la Hostería La Bota, donde al menos ocho sujetos ingresaron al establecimiento y lesionaron a siete trabajadores, dos de ellos de gravedad. De acuerdo con un video de cámaras de seguridad al que tuvo acceso Excélsior, todo comenzó a las 22:48 horas, cuando dos individuos que caminaban sobre San Jerónimo ingresaron al restaurante e intimidaron a dos comensales para que les entregaran dinero. En ese momento, un mesero intervino y les pidió que se retiraran, lo que derivó en una discusión y luego en un golpe a un empleado, con amenazas de regresar para vengarse por no permitir la extorsión a la clientela.

Cinco minutos después, a las 22:53, regresaron los dos sujetos acompañados por otros seis individuos, ingresando a La Bota para iniciar una riña contra empleados y comensales, con una ocupación de 26 personas en el lugar. En la confrontación, el encargado y un cocinero sufrieron lesiones severas: el primero tuvo fractura de nariz y costilla, perdió un diente y fue suturado del labio, mientras que el segundo presentó heridas profundas de más de cuatro centímetros en el pómulo derecho y la nariz.

Los propietarios de La Bota, Antonio y Adrián Calera-Grobet, junto con Luis Alcocer Grobet, señalaron que desde el inicio del ataque se marcó al 911 para solicitar la presencia policial, la cual llegó 35 minutos después, cuando los agresores ya se habían retirado. Uno de los empleados gravemente heridos comentó a Excélsior: "Cuando tomaron mi llamada preguntaron cosas absurdas como si podía calcular la edad de los agresores o si alcanzaba a ver qué tipo de armas portaban; pero si hubieran tenido un tiempo de respuesta inmediato, no hubiéramos sufrido las lesiones que tenemos".

Historia del corredor cultural y desafíos actuales

Desde 2007, esta zona comenzó a funcionar como una alternativa cultural y gastronómica, después de que el gobierno capitalino iniciara la renovación de la imagen urbana para contrarrestar la inseguridad que se vivía en esta región. Sin embargo, los recientes eventos, como los destrozos dejados por los agresores, incluyendo botellas de salsa rotas y sangre de empleados en los baños, ponen en evidencia los persistentes desafíos de seguridad que enfrenta el área.

La violencia en el corredor cultural no solo afecta la operación de los negocios, sino que también genera un clima de temor entre residentes y visitantes, cuestionando la efectividad de las medidas implementadas para garantizar la seguridad en uno de los puntos turísticos y culturales más importantes de la Ciudad de México.