Sheinbaum y la negación de los desaparecidos: ¿Reforma electoral antes que informe?
Hagan sus apuestas: ¿Qué sucederá primero? ¿Que la presidenta Claudia Sheinbaum envíe al Congreso su reforma electoral, pospuesta ya en tres ocasiones por falta de consensos, o que finalmente presente el informe sobre la desaparición en México, prometido desde diciembre y aplazado en cuatro oportunidades distintas? Esta disyuntiva revela una preocupante continuidad con la administración anterior.
El pésimo legado de López Obrador
El antecedente que dejó Andrés Manuel López Obrador en materia de desaparición no es simplemente malo, es verdaderamente pésimo. El esfuerzo del ex presidente se centró exclusivamente en cuidar la imagen de su gobierno, desastroso en materia de seguridad y combate al crimen organizado, nunca en proteger a las madres buscadoras ni en encontrar a los desaparecidos, mucho menos en prevenir nuevas desapariciones.
Nunca en las mañaneras hubo un diagnóstico mínimamente serio sobre esta tragedia nacional. El buen trabajo de la comisionada de búsqueda, Karla Quintana, fue sistemáticamente ninguneado y, al final, incluso denostado públicamente. Cualquier acción o declaración de la presidenta Sheinbaum, suponiendo que realmente quiera hacer algo al respecto, dejará en evidencia la mezquindad del ex presidente y del ex secretario de Gobernación, Adán Augusto López.
La manipulación de datos como política de Estado
Estos funcionarios fueron completamente incapaces de ver el fenómeno delictivo que más hiere a México más allá de sus particulares intereses políticos. Su único objetivo fue manipular la base de datos de desaparecidos y no tuvieron el menor empacho en correr a la comisionada Quintana para tachar de un plumazo y sin metodología alguna a quien se les antojara.
El discurso de la presidenta Sheinbaum sigue girando peligrosamente en torno a los mismos argumentos simplistas y casuísticos del sexenio pasado. Por supuesto que existe duplicidad de nombres en las listas, claro que hay errores e inconsistencias. Es evidente que algunos casos pueden corresponder a personas que se fueron por voluntad propia, pero esgrimir estos argumentos para sugerir que la desaparición no es tan grave resulta tan absurdo e insensible como negar una violación porque la víctima vestía de manera provocadora.
Perder el foco de la tragedia nacional
En un país donde las instituciones no son confiables -y por lo mismo tampoco la información que generan- concentrarse en limpiar la base de datos para ver cuántos registros logran eliminar significa perder completamente el foco de la tragedia que viven decenas de miles de familias mexicanas. Recientemente se encontraron personas desaparecidas que llevaban años presas en cárceles de Jalisco, lo cual es positivo, pero son excepciones que solo hablan de la corrupción del sistema penitenciario y de lo poco confiable que resulta la información institucional.
La desaparición como síntoma del poder criminal
Combatir estadísticamente la desaparición, como se hace con otros delitos, no solo es inhumano, sino profundamente perverso. La desaparición en México, incluso más que el homicidio, representa el síntoma más claro del poder del crimen organizado y del control territorial que ejerce. Mientras las autoridades federales no acepten, no comprendan y no miren de frente este fenómeno criminal, jamás se resolverá esta crisis humanitaria.
Mientras en los informes de seguridad no se hable específicamente de los desaparecidos y no exista un esfuerzo institucional genuino -hay que reconocer que en Jalisco el gobernador Pablo Lemus sí dio ese paso importante- el problema seguirá ahí, lacerando profundamente al país. La desaparición forzada no es un tema estadístico, es una herida abierta en el tejido social mexicano que exige respuestas concretas, no más dilaciones ni negaciones.
