La ciudad autónoma de Ceuta está al borde del estallido. Las calles, tomadas por miles de personas en situación irregular; los comercios, con las persianas echadas; y unas autoridades locales desbordadas que admiten no tener capacidad de respuesta. Aunque miles han sido devueltos a Marruecos, otros tantos permanecen en la ciudad, alimentando una tensión social que, según el análisis del periodista Víctor Beltri, se ha convertido en una bomba de tiempo.
Una crisis que va más allá de lo migratorio
La situación en Ceuta no es un simple problema de control fronterizo. Ceuta y Melilla forman parte de la Unión Europea al ser territorio español, pero no cuentan con la cobertura geográfica del artículo 5 de la OTAN. Esto significa que los países aliados no tienen la obligación formal de acudir en auxilio de España si esta lo solicita. Y, según Beltri, tampoco muestran intención de hacerlo: las declaraciones de los líderes mundiales, tanto en Estados Unidos como en Europa, se han centrado en criticar las políticas internas del Gobierno español en lugar de condenar lo que el presidente Pedro Sánchez calificó como un ataque y una violación de la integridad territorial de España.
El presidente estadounidense, Donald Trump, se apresuró a tachar la situación migratoria española de catástrofe. Italia, por su parte, ha llegado a proponer la separación de España del espacio Schengen. Sánchez, en esta ocasión, parece haber quedado solo en el plano diplomático.
Marruecos y su historial de presión migratoria
No es la primera vez que Ceuta sufre una irrupción masiva. Marruecos tiene una larga tradición de utilizar la migración como herramienta política. El ejemplo más antiguo citado por el columnista es la Marcha Verde de 1975, cuando 350 mil marroquíes cruzaron la frontera para reclamar el territorio del Sáhara Occidental, aprovechando la agonía del dictador Francisco Franco. Más recientemente, en 2021, más de 10 mil personas ingresaron a Ceuta como represalia por la atención médica que España brindó durante la pandemia al líder del Frente Polisario, Brahim Gali, en un hospital de Logroño.
En aquellos episodios, la comunidad internacional se posicionó del lado español. Hoy, el escenario es distinto: el respaldo se ha diluido y las críticas apuntan hacia el propio Ejecutivo de Pedro Sánchez.
El tablero geopolítico del Sáhara
Marruecos mantiene un conflicto ancestral con Argelia por el Sáhara Occidental, lo que lo ha llevado no solo a normalizar relaciones con Israel, sino a consolidarse como uno de los principales aliados de Estados Unidos en la región. España, por su parte, mantiene una relación tensa con ambos gobiernos, pero necesita de Marruecos para garantizar su estabilidad interna.
En 2022, el Gobierno español apoyó el plan de autonomía marroquí para el Sáhara, lo que provocó una crisis diplomática con Argelia. Esa relación permaneció congelada hasta hace unas semanas, cuando Sánchez se reunió con su homólogo argelino para relanzar el vínculo bilateral y consolidar a Argelia como principal proveedor de gas natural a la península. El acercamiento, anunciado con bombo y platillo, no gustó en Marruecos. "No hay pruebas pero tampoco dudas", sentencia Beltri, sugiriendo que la crisis de Ceuta podría ser una respuesta a ese giro diplomático.
La frontera de Europa, al descubierto
Las imágenes de Ceuta son impactantes, y más por lo que representan. Las cadenas de seguridad son tan fuertes como su eslabón más débil: la frontera que colapsó no fue solo la ceutí, ni siquiera la española, sino la de toda la Unión Europea. El problema, advierte el autor, no se ha resuelto y podría repetirse en cualquier momento. Las capacidades del Estado español han quedado al descubierto tanto en lo operativo como en lo político, y la frontera se sabe ahora más vulnerable que nunca.
Mientras tanto, Pedro Sánchez enfrenta sus propios tormentos. En el plano interno, los escándalos de corrupción sacuden a su gobierno y el llamado proceso de Zapatero amenaza con salpicarlo a él y a su partido. En el externo, sus políticas públicas le han granjeado la animadversión de antiguos aliados internacionales. Para Beltri, la crisis de Ceuta es más compleja de lo que parece a simple vista: el sueño de una Europa unida, por momentos, parece haber comenzado a resquebrajarse.



