Arresto de alcalde de Tequila revela el guion teatral de la corrupción en México
Arresto en Tequila desnuda guion de corrupción en México

El teatro de la corrupción: arresto en Tequila desvela un guion nacional

La palabra ¡salud! resuena en brindis y caballitos de tequila, pero en la vida pública mexicana, es un grito paradójico que precede al desorden cuando un actor rompe el parlamento. Así ocurrió recientemente con el arresto del alcalde de Tequila, un episodio que ha descompuesto la obra teatral de la política nacional, revelando las grietas en un guion establecido desde hace décadas.

Un actor que olvidó su vestuario

El alcalde de Tequila fue detenido por dedicarse a la extorsión y, de manera imprudente, presumir su servicio a un jefe del crimen organizado. Esta última acción, perder el control y la discreción, fue la causa directa de su arresto. Como en una obra de teatro, cuando un personaje principal comienza a improvisar y dejar el guion, la confusión en el escenario es total. Los demás actores—en este caso, autoridades y colegas—se ven desorientados, hasta que la fuerza pública sube a la palestra para arrestar al infractor.

Tras el arresto, la obra se reanuda: los actores recuperan el aliento, se arreglan el vestuario, se sustituye al que modificó la actuación, y todo sigue igual, con aplauso general de los asistentes. Pero este episodio plantea una pregunta incómoda: ¿por qué solo este alcalde fue arrestado, cuando hay cientos en toda la república que actúan de manera similar?

El guion oficial: una farsa sostenida

Desde los tiempos del presidente Abelardo Rodríguez, el guion oficial de la vida pública en México dicta que:

  • Todo marcha bien en el país.
  • La delincuencia es perseguida activamente.
  • No hay arreglos ni connivencias entre cárteles y autoridades.
  • Los alcaldes son elegidos por el voto popular, no por mafiosos.
  • Las policías municipales están bajo control gubernamental.
  • La extorsión no existe o, si se da, se castiga conforme a la ley.
  • No hay territorios sometidos al poder de la delincuencia organizada.
  • México sigue siendo un país soberano, sin dobles gobiernos ni tributaciones.

Este guion debe ser respetado por todos, aunque en la práctica, muchos actores hagan exactamente lo contrario. La vida oficial del país es, así, una obra de teatro cuyo éxito depende de que cada actor se sujete a lo establecido, fingiendo ser lo que no es, mientras el público es invitado a creérselo.

La realidad tras el telón: Jalisco y la "maña"

El arresto en Tequila no es un caso aislado, sino un síntoma de un problema más profundo. En Jalisco, por ejemplo, ya no es un secreto que buena parte de los municipios están bajo el control de la llamada "maña". Todo mundo lo sabe y lo dice municipio por municipio, pero el guion teatral exige que se finja lo contrario.

La diferencia entre el alcalde arrestado y los cientos que operan en la sombra es que estos últimos respetan el guion. Si no lo hicieran, no solo la fuerza pública, sino hasta la delincuencial colaborarían para someter a los imprudentes, porque echan a perder la magistral obra de teatro que todos conocemos.

¿Es hora de sincerarse?

Ojalá las cosas fueran como parecen, y tras un arresto siguieran todos los demás. Pero la pregunta persiste: ¿debemos seguir fingiendo que no nos damos cuenta de la realidad, o es la hora de sincerarse y aceptar que, en adelante, así serán las cosas? El teatro de la corrupción puede continuar con aplausos, pero cada vez más voces cuestionan si el público está dispuesto a seguir creyéndose el guion.

En un país donde la delincuencia organizada ha infiltrado estructuras de poder, episodios como el de Tequila sirven como recordatorio de que, detrás de la fachada oficial, hay una realidad opuesta que exige ser confrontada. La obra teatral de la política mexicana puede tener actores reemplazables, pero el guion de la corrupción parece inmutable, a menos que la sociedad decida cambiar el libreto.