El meteórico ascenso de Jorge Stephan Romita: de proveedor a contratista estrella del gobierno
Romita: de proveedor a contratista estrella del gobierno

El meteórico ascenso de un contratista en la era de la 4T

Cuando inició el gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador, el joven empresario de origen italiano Jorge Stephan Romita Iturbe era un simple proveedor de material de oficina para la Casa de Moneda. Hoy, su trayectoria ha dado un giro radical, acumulando contratos por un monto total de 4 mil 500 millones de pesos con diversas dependencias gubernamentales.

Un portafolio diverso y controvertido

Romita Iturbe le vende de todo al gobierno federal: desde cubrebocas y despensas hasta equipos de reconocimiento submarino para las Aduanas y filtros migratorios para el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México. Sin embargo, nada ha generado tanta sospecha como el contrato más reciente, otorgado por adjudicación directa, sin licitación alguna.

Según registros oficiales del sitio de Compras MX consultados en diciembre, Romita será el encargado de recolectar los datos biométricos de todos los mexicanos, un negocio valuado en mil 200 millones de pesos. Este contrato lleva la firma de José “Pepe” Merino, titular de la Agencia de Transformación Digital del gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum, lo que añade un matiz de controversia a la adjudicación.

Los costos de una carrera acelerada

Esta ruta meteórica para convertirse en uno de los contratistas consentidos del régimen no ha estado exenta de sacrificios. El empresario, nacido en 1990, rompió relaciones con su padre y su hermano, quienes formaban parte inicialmente de la empresa familiar. Además, enfrenta acusaciones de no haber cumplido a tiempo con la entrega de equipos de seguridad para Aduanas, en un contrato de 3 mil millones de pesos que debió haber sido ejecutado desde 2023, según reveló un reportaje de Nadia Sanders en Latinus.

Los trampolines que impulsaron su ascenso

Fuentes cercanas al polémico empresario revelan que su carrera con la 4T comenzó en la oficina de Julio Scherer, cuando este era consejero jurídico del presidente López Obrador. Scherer lo canalizó al Gobierno de la Ciudad de México, donde estableció vínculos con Luz Elena González y Carlos Ulloa, dos de las personas de mayor confianza de Sheinbaum. Simultáneamente, Scherer lo puso en el radar del secretario de Seguridad federal, Alfonso Durazo, marcando su primer gran trampolín.

Romita siguió a Durazo hacia el Gobierno de Sonora, donde comenzó a integrarse al círculo de confianza del secretario de Marina de AMLO, el almirante Rafael Ojeda. La esposa de Ojeda y los sobrinos del huachicol fiscal, los hermanos Farías Laguna, son originarios de Sonora, al igual que el hijo del almirante. Este fue su segundo gran impulso: los montos de sus contratos crecieron, se convirtió en proveedor de confianza de la Marina, incursionó en el negocio de la seguridad y terminó siendo prácticamente el rey del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, controlado por la Marina.

El tercer trampolín lo representa “Pepe” Merino. El contrato para el Servicio Integral para la Identificación Biométrica le fue otorgado unos días antes de la Navidad pasada, con un monto máximo de mil 200 millones de pesos. En efecto, todos los caminos parecen llevar a Romita, consolidando su posición como una figura clave en la red de contratistas del gobierno actual.