Gregorio Cárdenas Hernández, conocido históricamente como "El estrangulador de Tacuba", recibió una honda ovación de los legisladores presentes en la Cámara de Diputados durante una sesión oficial. Este reconocimiento público se otorgó bajo la presentación del entonces secretario de Gobernación, Mario Moya Palencia, quien utilizó la figura del exconvicto para ejemplificar lo que denominó una "exitosa reinserción social". La invitación al recinto legislativo contrastaba drásticamente con la naturaleza de sus crímenes pasados, marcando un episodio singular en la historia judicial y mediática de México.
Los crímenes y la detención
Gregorio Cárdenas Hernández nació en Tierra Blanca, Veracruz, en 1916. Durante su juventud, destacó como estudiante brillante en la Escuela de Ciencias Químicas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Sin embargo, en septiembre de 1942, su vida derivó hacia la violencia extrema. Los hechos comenzaron cuando Cárdenas cortejava a Graciela Arias Ávalos, de 21 años. Tras una discusión dentro del vehículo del joven, donde ella rechazó sus avances románticos, él la estranguló con un cordón hasta causar su muerte.
Posteriormente, trasladó el cuerpo a su domicilio ubicado en la calle Mar del Norte, en la colonia Tacuba de la Ciudad de México, donde procedió a enterrarla en el jardín. Nervioso, confesó parte de sus actos a su madre y a un amigo, antes de internarse voluntariamente en un hospital psiquiátrico buscando evadir responsabilidad legal. La desaparición de Graciela activó una búsqueda policial y familiar que rápidamente señaló a Cárdenas como sospechoso principal.
El uso del suero de la verdad y la condena
La investigación llegó al doctor Oneto Barenque, un psiquiatra de renombre que examinó personalmente al acusado. Según registros históricos consultados por Excélsior, Barenque administró a Cárdenas una sustancia conocida coloquialmente como "el suero de la verdad". Bajo los efectos de esta inyección, Gregorio confesó no solo el asesinato de Graciela, sino también el homicidio de otras tres mujeres jóvenes. Las excavaciones en el patio de su casa confirmaron la presencia de cuatro cuerpos, consolidando su culpabilidad.
El caso generó un escándalo mediático sin precedentes. El periódico Excélsior publicó en su portada del 8 de septiembre de 1942 el titular: "Estudiante monstruo asesina a 4 jovencitas", comparando los crímenes con los del famoso asesino francés Henri Landrú. El expediente número 27850 del Archivo Histórico de la Secretaría de Salud indica que, debido a su peligrosidad y trastornos mentales detectados, Cárdenas fue recluido inicialmente en el Pabellón de Agitados del Manicomio General La Castañeda el 8 de noviembre de 1942.
Fuga, reclusión en Lecumberri y libertad
La trayectoria carcelaria de Cárdenas estuvo marcada por un incidente grave en diciembre de 1947, cuando logró fugarse de La Castañeda. Permaneció libre casi un mes hasta ser recapturado en Oaxaca, donde se había hecho pasar por un educador comunitario llamado Alejandro Hernández. Tras su captura, fue trasladado a la Penitenciaría de Lecumberri, también conocida como el Palacio Negro.
Durante casi tres décadas en Lecumberri, Cárdenas transformó su conducta. Aprovechó su inteligencia para estudiar Derecho, arte y pintura, además de asesorar a otros reclusos en asuntos jurídicos. Su buena conducta culminó con su matrimonio con Gerarda Valdés. Cuando Lecumberri cerró en 1976, fue trasladado brevemente al Reclusorio Oriente. Su defensa legal logró finalmente su libertad en los primeros días de septiembre de 1976.
Presentación oficial y legado póstumo
Inmediatamente después de su liberación, Cárdenas visitó la Basílica de Guadalupe para orar, cumpliendo una promesa hecha a su esposa. En esa ocasión, declaró a la prensa: "Siento quietud, tranquilidad en mi espíritu. Los fantasmas de esas mujeres no revolotearán en mi mente".
Sin embargo, la atención pública máxima llegó el 23 de septiembre de 1976, cuando Mario Moya Palencia lo llevó al pleno de la Cámara de Diputados. El funcionario federal presentó a Cárdenas como prueba de éxito en las reformas penitenciarias y en el intercambio de convictos, omitiendo deliberadamente a las víctimas en su discurso. Los legisladores lo ovacionaron mientras permanecía en el palco de honor.
Cuatro años después de este evento, en 1980, Cárdenas concluyó sus estudios de Derecho en la Escuela Nacional de Estudios Profesionales (ENEP) Aragón de la UNAM. Se mantuvo alejado de la vida pública hasta su fallecimiento el 2 de agosto de 1999, a los 83 años, en California, Estados Unidos. Su historia permanece como un caso complejo entre la justicia penal, la salud mental y la política penitenciaria de la época.



