La sombra del pasado: estrategias de seguridad y reforma electoral reviven viejos fantasmas
La intensa confrontación artillera y aérea contra el Cártel Jalisco Nueva Generación, resuelta con determinación y el apoyo tecnológico de drones e inteligencia proveniente de los Estados Unidos, nos transporta inevitablemente a épocas anteriores. Esta situación evoca, de manera voluntaria o involuntaria, la denominada guerra contra el narcotráfico de administraciones pasadas, frecuentemente criticada y demonizada en discursos y panfletos electrónicos de ciertos sectores políticos.
Estrategias de seguridad: entre el recuerdo y la realidad actual
El paso de acciones militares directas a periodos de tolerancia aparente hacia el crimen organizado, ejemplificado en eventos como la controvertida liberación de figuras criminales en medio de operativos fallidos, ha dejado secuelas profundas. Doscientos mil muertos después, las consecuencias de estas decisiones políticas y estratégicas continúan afectando a la sociedad mexicana, sumiéndonos en una reflexión constante sobre el pasado y sus implicaciones en el presente.
Esta tendencia a mirar hacia atrás no se limita al ámbito de la seguridad pública. Por un lado, observamos una cadena de eventos; por el otro, una percepción de falsedad impuesta por precedentes históricos, incluyendo figuras presidenciales recientes. Aunque la actual presidenta de la república niega ciertas acusaciones, su palabra no es infalible ni de acatamiento obligatorio, dejando espacio para la duda, la creencia o incluso la negación colectiva.
La reforma electoral: un viaje al pasado institucional
No solo en la beligerancia contra el crimen se expresa esta vocación de volver al pasado. En materia político-electoral, la reforma propuesta nos lleva de viaje, en medio de protestas de especialistas, funcionarios de antaño y hasta aliados actuales, hacia épocas caracterizadas por el control hegemónico de la vida pública. Periodos donde el sistema electoral podía presentar fallas sin consecuencias inmediatas graves y las elecciones parecían más un trámite que un requisito republicano fundamental.
El fundamento de un sistema representativo y federal reside en la limpieza de la representación y la efectividad del sufragio, aspectos que muchos consideran en riesgo actualmente. La sobrerrepresentación en el Congreso, junto con modificaciones institucionales en la organización, calificación y legalidad del sistema electoral, pervierte un mecanismo diseñado para garantizar la democracia. Estas acciones, según críticos, preparan el terreno para una siguiente etapa de conquista política: la anulación de opositores y la consolidación de un poder sin contrapesos efectivos.
El control total y el silencio social
En este escenario, el gobierno parece controlarlo todo: jueces electorales, organizadores, instituciones autónomas, legisladores, presidentes municipales y hasta las expresiones en redes sociales mediante memes y bots. Esta percepción de control absoluto genera un silencio social reminiscente de épocas pasadas, donde muchos ciudadanos se preguntaban: ¿Para qué votar si ya se sabe quién va a ganar?
Hubo un tiempo en que el país experimentó con cartas democráticas, con alternancias en el poder que, aunque imperfectas, ofrecían espacios de gozo y errores de menor escala. Sin embargo, desde la derrota política de algunos actores, se sembraron falacias y se inventaron fraudes electorales existentes solo en el rencor, creando una narrativa de ilegitimidad que ha alimentado la tirria contra las instituciones democráticas.
Explicaciones que no convencen y alianzas frágiles
Las explicaciones oficiales sobre la reforma electoral, basadas en supuestas peticiones ciudadanas y encuestas no especificadas, no convencen ni siquiera a aliados reticentes cuyo destino político se juega al azar. La pregunta fundamental sobre qué prefieren los actores políticos: alianza o reforma, recibe respuestas ambiguas que reflejan la complejidad del momento.
Los partidos coaligados han construido una nueva forma de cohesión basada en mantenerse unidos para oponerse, siendo aliados y adversarios simultáneamente. Esta dinámica, donde cada parte defiende sus posiciones con argumentos cuestionables, prepara el escenario para una batalla crucial. La madre de todas las batallas no se dará entre adversarios tradicionales, sino entre aliados, con consecuencias potencialmente devastadoras para la vida política de algunos partidos y la autoridad presidencial.
Si la iniciativa de reforma electoral fracasa, la presidenta podría perder autoridad política significativamente, demostrando que el cumplimiento no reside solo en presentar propuestas, sino en lograr su implementación según la visión original. Este escenario nos empuja constantemente hacia el ayer, recordándonos que el futuro puede convertirse en un hermano gemelo de las cosas pasadas, en un ciclo donde la memoria y el olvido se entrelazan en la construcción del porvenir nacional.
