La pesadilla de Sheinbaum: aliados del PT y Verde se empoderan tras derrotas legislativas
Ha sido un marzo de oro para los aliados de la presidenta Claudia Sheinbaum, pero no en el sentido que ella hubiera deseado. El Partido del Trabajo (PT) y el Partido Verde Ecologista de México (PVEM) han comprendido, tras dos votaciones clave, que sin su apoyo, Morena por sí solo no puede avanzar sus iniciativas en el Congreso. Para dos formaciones políticas con décadas de experiencia en el arte de alianzas con partidos más grandes, saberse indispensables se ha convertido en un recurso invaluable.
Desde marzo de 2026, el valor del PT y el Verde ha cambiado radicalmente. Ahora están en posición de exigir mucho más a cambio de sus votos: más fondos en el presupuesto federal, más cargos en el gobierno, más candidaturas en elecciones, más escaños legislativos y más favores políticos. Esta nueva dinámica representa una derrota significativa para la presidenta Sheinbaum, cuya capacidad de negociación con sus aliados se encuentra en su punto más débil desde la formación de la coalición Morena-PT-Verde.
Un cambio de poder en la alianza
Anteriormente, Morena solía menospreciar a sus aliados, tratándolos como rémoras y haciéndoles sentir que sin el arrastre electoral del morenato, el PT y el Verde podrían perder su registro. La lógica era clara: el privilegio de ser aliado a cambio de sumisión. Sin embargo, ese escenario ha dado un giro total.
La presidenta, en lo que algunos analistas describen como una necedad y carencia absoluta de operación política, decidió enviar al matadero dos reformas constitucionales. A sabiendas de que no contaba con los votos necesarios, procedió de todos modos, sufriendo dos derrotas consecutivas en solo dos semanas. Al hacerlo, puso en bandeja de plata la oportunidad para que sus aliados probaran su poder, valor y alcance.
Esto plantea preguntas cruciales: ¿Qué sucederá en el Congreso cuando Sheinbaum envíe su próxima reforma, ahora que el PT y el Verde saben que sin ellos no pasa nada? ¿Qué exigirán a cambio de sus votos? ¿Cómo afectará esto el reparto de candidaturas para las elecciones de 2027 dentro de la alianza oficialista? Los aliados podrían pedir más posiciones, incluyendo gubernaturas, alcaldías y diputaciones federales y locales.
La pérdida del miedo y sus consecuencias
La peor derrota para la presidenta es que sus aliados ya le han perdido el miedo. El Partido Verde perdió ese temor el 11 de marzo, cuando su oposición a la reforma electoral de Sheinbaum terminó por descarrilarla. El PT lo confirmó ayer, al rechazar adelantar la revocación de mandato, lo que frustró el corazón del llamado Plan B. Ambos partidos se quedaron con la clara sensación de que Morena no quiere compartir su pastel, sino que aspira a ser un partido único.
La magnitud de esta primera ruptura está por definirse. El primer escalón fue la votación en el Congreso, un evento no menor: desde que Vicente Fox envió su iniciativa de reforma electoral (sin mayoría en el Congreso), un presidente en funciones no había perdido una votación de una reforma de esta naturaleza. El segundo escalón serán las votaciones futuras que requieran mayoría calificada. El tercero podría ser la elección de 2027, donde los aliados podrían ensayar cómo les iría solos o con otros socios fuera de Morena. Esto, a su vez, podría ser el cuarto escalón: un ensayo para las elecciones presidenciales de 2030.
Quedan muchas incógnitas, reacciones y años por delante. La alianza oficialista enfrenta un momento de prueba, y el empoderamiento del PT y el Verde podría reconfigurar el panorama político mexicano en los próximos tiempos.



