La Venta de La Mesilla: Un Capítulo Oscuro en la Historia de México
La venta del territorio conocido como La Mesilla, que comprendía 76 mil 845 kilómetros cuadrados, representó uno de los episodios más controvertidos y humillantes para la nación mexicana durante el siglo XIX. Este acuerdo, concretado en 1853 bajo la presidencia de Antonio López de Santa Anna, no dejó a nadie bien parado, ni a los estadounidenses que presionaron con amenazas e incursiones brutales, ni a los mexicanos que gestionaron el proceso.
La Justificación de Santa Anna: Pragmatismo o Desesperación
Santa Anna defendió hasta su muerte, ocurrida veintitrés años después, que la venta fue una decisión acertada. Argumentaba que México, como país joven y pobre, con un poderío militar insignificante comparado con el de Estados Unidos, habría sufrido una segunda invasión devastadora similar a la de 1848. Sin embargo, detrás de esta justificación se escondían problemas internos apremiantes.
El gobierno enfrentaba una rebelión en el sur liderada por Juan Álvarez, enemigo acérrimo de Santa Anna, y necesitaba fondos urgentes para rearmar al ejército y sofocar la insurrección. Además, la administración santannista operaba en la miseria o dependía de préstamos. La combinación del miedo a una nueva invasión estadounidense y la extrema necesidad financiera fueron los motores principales de esta transacción territorial.
El Tratado y Sus Consecuencias Inmediatas
Cuando Santa Anna llegó a un acuerdo con James Gadsden, representante de Washington, envió a sus funcionarios—Manuel Díez de Bonilla, José Salazar Ilarregui y el general Mariano Monterde—para afinar los detalles. El tratado no solo formalizó la venta, sino que también modificó aspectos del Tratado de Guadalupe Hidalgo, liberando a Estados Unidos de su compromiso de contener las incursiones de tribus indígenas en la frontera.
Además, el acuerdo incluía un permiso para que Estados Unidos construyera una vía ferroviaria a través del Istmo de Tehuantepec, una cláusula que anticipaba controversias futuras. El precio pactado fue de diez millones de dólares: siete millones como adelanto y tres millones tras la ratificación.
El Dinero que se Esfumó: Voracidad y Corrupción
Con la certeza de que el dinero llegaría, Santa Anna no esperó y recurrió a sus prestamistas de cabecera, obteniendo recursos a cuenta de la venta. Agiotistas como Manuel Escandón, Jean Baptiste Jecker y Gregorio Mier y Terán aceptaron, pero con intereses exorbitantes. Santa Anna, eufórico, comparó la situación con "ganar la lotería".
Cuando los siete millones de dólares llegaron, designó a Juan Nepomuceno Almonte para recibirlos, pero la falta de un banco nacional complicó el proceso. Almonte tuvo que distribuir la suma entre casas comerciales estadounidenses con sucursales en México. Santa Anna destinó el 86% de los fondos (más de seis millones) para pagar deudas e intereses, beneficiando especialmente a Manuel Escandón, quien recibió 2.58 millones de pesos.
Los funcionarios, viendo cómo el dinero desaparecía, actuaron por instinto de supervivencia: Francisco de Paula Arrangoiz se adelantó 68 mil pesos, y Almonte se autorizó un pago especial de 12 mil pesos. Santa Anna, al enterarse, destituyó a Arrangoiz, quien en venganza reveló que el presidente había tomado 600 mil pesos para sí mismo.
El Legado de una Decisión Desastrosa
La indignación pública estalló cuando se conocieron los altos intereses y la corrupción. La casa de Manuel Escandón en la Ciudad de México fue incendiada y saqueada. Para 1855, cuando Juan Álvarez asumió la presidencia tras la Revolución de Ayutla, de los diez millones de dólares solo quedaban 60 mil pesos.
Santa Anna insistió en que había evitado una invasión, pero una anécdota cuenta que, al ver un mapa con la nueva frontera, no pudo reprimir un gesto de horror al comprender la magnitud de la pérdida. La venta de La Mesilla no solo redujo el territorio nacional, sino que manchó la reputación de sus protagonistas con las etiquetas de "vendepatrias" y "traidores", dejando una lección amarga sobre la voracidad y la mala administración en tiempos de crisis.



