Guerra EEUU-Israel contra Irán entra en quinta semana sin claridad sobre su conclusión
El conflicto bélico desatado por Estados Unidos e Israel contra Irán, que comenzó el pasado 28 de febrero, entra en su quinta semana sin que exista claridad sobre el fin de este enfrentamiento. La República Islámica ha desafiado los amagos de Washington, mientras que el conflicto se ha complicado significativamente para el presidente Donald Trump, quien ha puesto en juego su legado político.
Operación Furia Épica: de promesa rápida a conflicto prolongado
Trump había prometido una guerra rápida, pero la realidad ha demostrado ser mucho más compleja. Las dudas sobre el alcance real del arsenal estadounidense, la posibilidad de que el Pentágono deba desplegar tropas sobre el terreno y el impacto del cuello de botella en el estrecho de Ormuz han transformado lo que se presentaba como una operación limitada en un conflicto de dimensiones impredecibles.
El ataque inicial ocurrió el 28 de febrero, horas después de que representantes iraníes y estadounidenses se sentaran en Ginebra para una nueva ronda de diálogo sobre el programa nuclear de Teherán. Estados Unidos e Israel atacaron por sorpresa múltiples objetivos militares y gubernamentales en Irán utilizando misiles Tomahawk, bombarderos B-2, B-1 y B-52, además de centenares de cazas israelíes.
Justificación y consecuencias inmediatas
La Casa Blanca justificó el ataque como una respuesta preventiva ante lo que calificó como "amenaza inminente" por parte de Irán. Según diferentes miembros del Gabinete de Trump, el país persa estaba cerca de enriquecer uranio al 90% o a pocos días de desarrollar una bomba atómica.
En su primera comparecencia, Trump presentó la guerra como una operación limitada y rápida destinada a destruir todas las capacidades militares y nucleares de Irán. Sin embargo, apenas un día después, Irán confirmó que los ataques habían golpeado el complejo donde vivía el líder supremo iraní, el ayatolá Alí Jameneí, anunciando su fallecimiento junto con parte de su familia.
El factor Ormuz y la crisis económica global
El estrecho de Ormuz se ha consolidado como el factor que más ha dañado la credibilidad de Trump en este conflicto. Con el mundo temeroso de que el barril de petróleo pueda alcanzar los 200 dólares (desde los 70 antes de la guerra), existe un riesgo real de provocar una crisis económica mundial. La operación recibió la negativa de los aliados de la OTAN, quienes rechazaron enviar buques militares para asegurar el estrecho y evitar los bloqueos parciales aplicados por la Guardia Revolucionaria iraní.
Movilización militar y costos crecientes
El Pentágono ha movilizado miles de soldados enviándolos a Oriente Medio, entre especulaciones sobre su posible cometido. Además, ha anunciado que pedirá 200,000 millones de dólares adicionales al Congreso estadounidense para concluir la operación, lo que representa un costo significativamente mayor al inicialmente previsto.
Consecuencias políticas para Trump
Esta combinación de factores representa una tormenta perfecta para Trump, quien se juega el verdadero peso de su presidencia en las elecciones de medio mandato en noviembre. La guerra que detonó junto con Israel no tiene la claridad de victoria que había pregonado, con un conflicto que podría prolongarse indefinidamente. Además, los blancos iraníes ya no apuntan solamente a vecinos del Golfo Pérsico, sino al corazón de Israel, aumentando la escalada del conflicto.
Trump comenzó a matizar el cronograma inicial, diciendo que la operación Furia Épica se diseñó para durar "cuatro o cinco semanas, o quizá algo más", un reconocimiento tácito de que la situación es más compleja de lo anticipado. Con la guerra entrando en su quinta semana, las perspectivas de una resolución rápida parecen cada vez más lejanas.



