Irán enfrenta una encrucijada histórica tras la muerte de su líder supremo
La eliminación de Alí Jamenei, líder supremo de Irán desde 1989, en ataques coordinados de Estados Unidos e Israel, ha sumido a la república islámica en una profunda crisis de sucesión y estrategia. Este evento obliga al poder iraní a repensar completamente su rumbo si desea sobrevivir, en un contexto de creciente presión internacional y tensiones internas.
Un triunvirato provisional y la sombra de la represión
Tras la muerte de Jamenei, el poder recae temporalmente en un triunvirato compuesto por el presidente Masud Pezeshkian, el jefe del poder judicial Gholamhosein Mohseni Ejei, y Alireza Arafi, un dignatario religioso clave. Mientras el aparato represivo, incluyendo a las milicias basiji con 600 mil efectivos, permanezca activo, es improbable que resurgan protestas masivas contra el régimen, explica Pierre Razoux, experto de la FMES.
Razoux subraya que el sistema iraní cuenta con procedimientos establecidos para gestionar la sucesión, por lo que la eliminación del líder no implica necesariamente el colapso del régimen. En su lugar, prevé una continuidad con nuevas reglas, posiblemente en detrimento del clero chiita, pero manteniendo a las mismas figuras en el poder.
La elección del nuevo líder y el riesgo de militarización
La elección del próximo líder supremo será determinante para la orientación política de Irán, destaca Théo Nencini, investigador de Sciences Po Grenoble. La muerte de Jamenei podría desatar rivalidades significativas entre los Guardianes de la Revolución y los civiles, aunque por ahora colaboran para mantener la estabilidad, según la socióloga Azadeh Kian.
Una alternativa preocupante es la toma de poder por los Guardianes de la Revolución, el ejército de élite que controla sectores económicos clave. Aunque su jefe Mohamad Pakpour falleció en los bombardeos, esta fuerza está bien organizada. Nencini sugiere que podría surgir un régimen más militarizado, quizás sin la lógica religiosa actual, aunque difícilmente prescindiría del barniz ideológico.
El ejército regular iraní, con 350 mil hombres, carece de peso político actual, pero podría jugar un papel futuro si opta por una dirección distinta a la de los Guardianes. Sin embargo, no existe una figura política creíble que ofrezca una alternativa clara entre los opositores, señala Nencini, mencionando a Reza Pahlavi, hijo del último sah, cuya popularidad real es incierta.
Oposición y reacciones internacionales
Azadeh Kian apunta a la posible emergencia de reivindicaciones étnicas en regiones como el Kurdistán iraní y Baluchistán, aunque estas minorías necesitarían formar coaliciones y no se someterían fácilmente a figuras como Pahlavi. Mientras, miles de personas se congregaron en Teherán para honrar a Jamenei, coreando consignas contra Estados Unidos e Israel, con muestras de duelo en países como Líbano y Pakistán.
En resumen, Irán se encuentra en un punto de inflexión, con su futuro dependiendo de complejas dinámicas internas y la respuesta a la agresión externa. La sucesión de Jamenei no solo definirá el régimen, sino que podría alterar el equilibrio de poder en la región, en un escenario marcado por la incertidumbre y el potencial de cambios profundos.
