La medicina moderna: ¿deshumanización o evolución hacia la eficacia universal?
Medicina moderna: ¿deshumanización o evolución hacia eficacia?

La evolución de la práctica médica: del empirismo antiguo a la sistematización contemporánea

Como toda actividad humana, el ejercicio de la medicina no está libre de imperfecciones ni de posibles errores. En la Antigüedad, el pronóstico de un paciente dependía fundamentalmente de la experiencia individual del médico que lo atendía. Un episodio histórico ilustrativo es el de los ciudadanos de Abdera, quienes, profundamente preocupados, solicitaron la intervención de Hipócrates porque Demócrito parecía haber enloquecido: reía constantemente y por cualquier motivo. Tras dialogar con él, Hipócrates determinó que, lejos de padecer locura, Demócrito era el más sabio entre los sabios e incluso podía transmitir sabiduría a otros. Hipócrates logró emitir un diagnóstico que trascendía los síntomas evidentes, resultado de su juicio clínico experimentado. En esa época, la medicina era predominantemente empírica.

Del acceso limitado a la salud como derecho universal

Sin embargo, que la cura dependiera exclusivamente de la experiencia individual de los médicos restringía notablemente el acceso a la atención. En la actualidad, se exige la salud como un derecho universal; esto demanda que la medicina esté sistematizada, con procedimientos homologados y una predicción aceptable de resultados. En el ámbito bioético, frecuentemente se cuestiona que la práctica médica contemporánea haya adquirido un carácter excesivamente técnico, impreciso en lo moral y alejado de la dimensión humana del paciente. Pero, en pocas ocasiones se contrasta este juicio con la realidad estadística.

¿Qué sucedería si analizamos las inconformidades frente a la inmensa cantidad de casos en los que la medicina alcanza exitosamente su objetivo? Si bien la exigencia es máxima porque el bien afectado es la vida misma, no se justifica sacrificar la reputación del trabajo de todo un gremio de servicio por las contadas y notorias fallas.

La notoriedad de los errores y la crítica al sistema

Quienes señalan los errores, a menudo profesionales con un conocimiento más empírico que sistemático de la medicina institucional, suelen hablar desde la experiencia de casos públicos. Nos interrogamos por qué esas fallas adquieren tanta notoriedad: la respuesta más sencilla es que son escasas y, por tanto, fácilmente identificables dentro del vasto universo de la atención sanitaria. La crítica de la deshumanización de la medicina, sin embargo, tiende a trasladar la culpa al ser humano que se encuentra en la trinchera, es decir, en el lugar inmediato de la práctica, donde se enfrentan las urgencias, la escasez de recursos y la presión del tiempo, en lugar de dirigirla al sistema que la condiciona. Se olvida así que el personal sanitario tiene un margen muy limitado para transformar las estructuras que lo rodean.

El sistema de salud público en México: burocracia y estrés

El sistema de salud público, al menos en México, está saturado de burocracia, sobrecarga laboral y precariedad, situaciones que fomentan un ambiente de estrés constante. Si bien no se ignoran los malos elementos, es inconcebible creer que el médico actúa con la intención de dañar o insultar. Lo que sí suele estar en el currículum oculto es la medicina defensiva, que no es otra cosa que cumplir con la burocracia establecida dentro del sistema. Lejos de ser un acto de mala fe, es un mecanismo institucional diseñado para evitar errores, mejorar la seguridad de los pacientes y, desde luego, proteger al personal de una probable negligencia y sus consecuencias.

¿Deshumanización o idealización romántica?

Ahora bien, cuando se argumenta que la medicina es deshumanizada y despersonalizada, ¿con respecto a qué ideal se está juzgando? Se trata de una idea romantizada de la práctica clínica que no considera la realidad actual. Exigimos una consulta de más de 10 minutos, pero también que se atienda a todos, que se reduzcan las listas de espera y que se soliciten estudios que garanticen el diagnóstico. ¿No resulta ilógico? Hoy en día, la verdadera humanidad radica en la garantía de un diagnóstico rápido y preciso, que puede lograrse en dos minutos con el uso de tecnología avanzada, en lugar de una consulta extensa que sólo indague la causa y logre un diagnóstico presuntivo.

El futuro tecnológico: robots y eficacia quirúrgica

Gracias al progreso tecnológico, no es difícil imaginar que en un futuro no muy lejano el robot Da Vinci pueda realizar cirugías autónomas. Si esto se perfecciona, ¿quién escogería al ser humano imperfecto frente al robot perfecto, al menos en lo que se refiere a la técnica quirúrgica?

Conclusión: humanidad migrada hacia seguridad y eficacia

La medicina no se ha deshumanizado; lo que ha ocurrido es que la humanidad migró de la palmada en el hombro a un imperativo de seguridad y eficacia universal. El médico en la trinchera no es un villano, sino un profesional que utiliza la “medicina defensiva” y las herramientas tecnológicas (como el Da Vinci o la inteligencia artificial) como escudos éticos y operativos contra un sistema precario. Sacrificar la eficacia en aras de un romanticismo inútil es el verdadero error existencial. El desafío de la bioética actual no es lamentar la pérdida de la clínica antigua, sino asegurar que, mientras el robot opera y el sistema atiende a millones, la dignidad del paciente sea el parámetro que ni la burocracia ni la tecnología puedan borrar.

* Juan Salvador García Hernández es médico cirujano militar e investigador en el Hospital Central Militar (HCM), con maestría en Bioética, grado Cum Laude por el Instituto Politécnico Nacional; actualmente es candidato a doctor en Ciencias (Bioética) por la UNAM. Es secretario del Comité Hospitalario de Bioética del HCM y revisor en la Revista de Sanidad Militar; cuenta con publicaciones en revistas indexadas de alto impacto y experiencia docente a nivel de pregrado y posgrado en metodología de la investigación y bioética. Gimena Carolina Villegas Umaña es licenciada en Filosofía por la Universidad del Valle de Cali, Colombia. Cursó la Maestría en Ciencias (Humanidades en Salud) en la UNAM, donde obtuvo el grado con mención honorífica, con la tesis “Análisis de la justicia en la distribución de vacunas para la COVID-19 a migrantes en situación irregular en México”. Actualmente cursa el Doctorado en Ciencias (Humanidades en Salud) en la misma universidad.

Las opiniones publicadas en este análisis son responsabilidad exclusiva de sus autores. No expresan una opinión de consenso de los seminarios ni tampoco una posición institucional del PUB-UNAM. Todo comentario, réplica o crítica es bienvenido.