Un equipo de científicos ha analizado un fósil excepcionalmente conservado hallado en el sureste de Brasil para desentrañar la evolución de las primeras serpientes. El estudio, publicado en la revista Nature, se centra en una especie llamada Tametara mirim, que vivió hace entre 75 y 85 millones de años, durante el período Cretácico.
Características del fósil
El fósil, que mide aproximadamente 42 centímetros de largo, fue descubierto en el municipio de Presidente Prudente, en el estado de São Paulo. Según Tiago Simões, profesor de biología evolutiva en la Universidad de Princeton y autor principal del estudio, se conserva aproximadamente el 60 por ciento del cráneo y el 70 por ciento de la columna vertebral. La mayor parte de la región craneal conservada corresponde a la caja craneal y los huesos del techo del cráneo, con la parte posterior de la mandíbula inferior en su posición original.
El excelente estado del cráneo permitió a los investigadores reconstruir la anatomía cerebral de la serpiente, algo que hasta ahora parecía imposible con fósiles tan antiguos. "Esto nos revela algo que hasta hace poco nunca pensamos que podríamos aprender de los fósiles: la evolución temprana de su sistema nervioso central", afirmó Simões.
Estilo de vida excavador
La forma del cerebro y la microestructura del hueso del cráneo indicaron que Tametara mirim llevaba un estilo de vida excavador, conocido como "fossorial", similar al de muchas serpientes actuales, como las serpientes de coral. Este hallazgo contradice la idea de que las primeras serpientes tenían una adaptación única a un solo hábitat. "Prevemos que la condición ancestral de todas las serpientes no era una fuertemente adaptada a un único hábitat. Más bien, se trataba de una condición de transición, situada en la interfaz entre los entornos excavadores y terrestres", explicó Simões.
Los fósiles del Cretácico han demostrado que las serpientes de esa época se adaptaron a estilos de vida excavadores, terrestres y marinos, lo que sugiere una diversidad temprana de adaptaciones neurosensoriales. "Esto revela una historia más compleja de la evolución temprana de las serpientes: una mayor diversidad inicial de adaptaciones neurosensoriales en su evolución y una trayectoria evolutiva de adaptaciones a diferentes entornos que no fue rápida ni lineal", añadió Simões.
Contexto evolutivo
Las serpientes aparecieron por primera vez durante la era de los dinosaurios, hace aproximadamente 170 millones de años, en el período Jurásico. Sin embargo, los fósiles bien conservados de serpientes jurásicas son inexistentes, y solo se conocen unos pocos del Cretácico. Tametara mirim se suma a un selecto grupo de solo cuatro especies de serpientes del Cretácico con una conservación espectacular.
"Las serpientes representan uno de los planes corporales más extremos entre todos los vertebrados. Comprender el origen de este grupo peculiar y, sin embargo, muy diverso, sigue siendo uno de los mayores misterios de la evolución de los vertebrados", señaló Simões. Aunque todas las serpientes actuales carecen de extremidades, los fósiles muestran que las primeras serpientes conservaban las patas traseras. La zona de la cadera del fósil de Tametara no se conservó, pero Simões indicó que es casi seguro que la serpiente tenía extremidades traseras robustas, al igual que su especie hermana del Cretácico, Najash rionegrina.
Dieta y veneno
En cuanto a su alimentación, Simões señaló que lo más probable es que Tametara se alimentara de insectos, aunque no hay pruebas directas de su dieta. Dado que el fósil carecía de dientes, no está claro si la serpiente era venenosa, como lo son las serpientes de coral actuales. El estudio abre nuevas preguntas sobre la evolución de las serpientes y su adaptación a diferentes entornos a lo largo de millones de años.



