Guerrero: del etnocidio lingüístico a la lucha por preservar las cuatro lenguas originarias
Etnocidio lingüístico en Guerrero: de 25 lenguas a solo cuatro

El etnocidio lingüístico en Guerrero: de 25 lenguas originarias a solo cuatro

En el marco del Día Internacional de la Lengua Materna, celebrado cada 21 de febrero, se revela una cruda realidad en Guerrero: antes de la Conquista existían aproximadamente 25 lenguas originarias, pero hoy solo sobreviven cuatro. El académico Francisco Palemón Arcos denuncia que la castellanización forzosa y la evangelización constituyen un etnocidio cultural, mientras promotoras indígenas alertan que la ausencia de traductores vulnera derechos básicos como la salud y la justicia.

Una castellanización forzosa y sus consecuencias

Francisco Palemón, investigador nahua, relata su experiencia personal: a los 12 años, sus padres le prohibieron hablar náhuatl para evitar la discriminación que ellos sufrieron en la escuela. "Tú vas a sufrir discriminación y para que no sufras aprende el castellano", le dijeron. Esta imposición, aunque no eliminó completamente su lengua en la comunidad de Acatlán, lo llevó a negar su propio ser y pensamiento durante años. En la secundaria, enfrentó burlas y exclusión, con un sistema educativo que priorizaba conocimientos occidentales y marginaba los saberes indígenas.

Lenguas perdidas y supervivientes

Palemón, licenciado en Educación Indígena y con dos doctorados, explica que las lenguas como tolimeca, chontal y texome se extinguieron tras la Conquista en 1521, debido al sometimiento, desplazamiento por el castellano, evangelización y violencia. Actualmente, Guerrero conserva solo cuatro lenguas maternas:

  • Náhuatl o mexicano, con 180,628 hablantes.
  • Tu'un savi o mixteco, con 149,600 hablantes.
  • Me'phaa, con 133,465 hablantes.
  • No'mndaa o amuzgo, con 49,400 hablantes.

Según el censo de 2020, el 14.5% de la población guerrerense habla una lengua indígena, totalizando 515,487 personas.

Historia de la educación y discriminación sistémica

Desde la creación de la SEP en 1921, la educación en México ha priorizado la castellanización, argumentando que las lenguas indígenas obstruían el progreso. Aunque en los años 80 y 90 se adoptó un modelo bilingüe intercultural, en la práctica persiste un vacío de formación docente y falta de respeto por los saberes indígenas. Palemón señala que "la sociedad mestiza no hace el esfuerzo por conocer los saberes que tienen los pueblos indígenas", perpetuando paradigmas de racismo y exclusión.

Acceso a salud y justicia: un riesgo de vida

Promotoras indígenas como Gady Dircio Chautla, coordinadora de la Casa de la Mujer Indígena Zihuachikahuac, alertan sobre el peligro que enfrentan las mujeres hablantes de lenguas maternas en hospitales y fiscalías. "Prácticamente están atentando contra su vida e integridad", afirma, al referirse a la falta de traductores. Un caso conmovedor es el de Ana, una adolescente nahua de 15 años que en 2025 requirió una cesárea de emergencia en Chilapa; su madre, sin entender español, solo pudo llorar hasta que llegó una intérprete.

Demandas incumplidas y falta de presupuesto

Desde 1999, organizaciones como la desaparecida Coordinadora Estatal de Mujeres Indígenas han exigido intérpretes en instituciones de salud y justicia. Sin embargo, las autoridades estatales alegan falta de presupuesto. En 2016, el gobierno de Héctor Astudillo contrató algunos intérpretes, pero los despidió meses después. A pesar de que 2025 fue declarado "Año de la mujer indígena" por el gobierno federal, no se implementaron políticas públicas efectivas. Isabel Dircio lamenta: "Nos siguen viendo como parte del folclor, no como personas sujetas de derecho".

Propuestas para el futuro

Las seis casas de la mujer indígena en Guerrero, junto con organizaciones de mujeres, proponen legislar para garantizar traductores en espacios de salud y justicia, independientemente de la voluntad de los gobernantes. Esta medida es crucial para proteger vidas y derechos en comunidades donde la discriminación y violencia son cotidianas. La lucha por preservar las lenguas originarias no solo es cultural, sino una cuestión de supervivencia y dignidad humana.