Petróleos Mexicanos (Pemex) registró pérdidas financieras por 9,180 millones de pesos durante el primer semestre de 2026, derivadas directamente de la sustracción ilegal de combustibles. De acuerdo con el reporte financiero de la empresa estatal, esta cifra representa un aumento del 20% en comparación con los 7,650 millones de pesos perdidos en el mismo periodo del año anterior. La magnitud de este daño económico se consolida como uno de los principales desafíos financieros para la petrolera nacional.
Incremento sostenido en las pérdidas semestrales
El desglose de las cifras revela una aceleración en el deterioro financiero asociado al delito. En los primeros tres meses del año, las pérdidas acumuladas alcanzaron los 3,812 millones de pesos. Este monto inicial ya superaba la proyección basada en el ritmo del año pasado, lo que llevó a que el acumulado a junio excediera significativamente los resultados del primer semestre de 2025. El problema no solo implica el valor directo de los hidrocarburos extraídos, sino también la menor disponibilidad de producto en el mercado oficial y la competencia desleal de un mercado paralelo que opera fuera de los canales legales de comercialización.
Marcial Díaz Ibarra, socio de la consultora QUA Energy, analiza la dimensión de este impacto. Según sus estimaciones, el daño diario equivale aproximadamente a 100 millones de pesos. Díaz Ibarra señaló que esta cifra "asusta a cualquiera" y advirtió sobre un efecto secundario fiscal que a menudo pasa desapercibido: la pérdida de recaudación de impuestos. Al ser sustraído ilegalmente, el combustible deja de generar ingresos por Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS) e Impuesto al Valor Agregado (IVA), lo que significa que el gobierno federal también deja de percibir estos recursos.
Repunte en tomas clandestinas de ductos
El contexto financiero negativo coincide con un repunte en las incidencias físicas de robo. Datos proporcionados por el Instituto para la Gestión, Administración y Vinculación Municipal (IGAVIM) indican que durante el primer trimestre de 2026 se detectaron 2,563 tomas clandestinas en los ductos de Pemex. Esta cantidad representa un incremento del 8.6% frente a las 2,358 tomas registradas en el último trimestre de 2025. La frecuencia de estos eventos es constante: en promedio, se localiza una nueva perforación ilegal cada 51 minutos y 27 segundos.
Este fenómeno, conocido comúnmente como "huachicol" convencional, consiste en perforar los ductos de transporte para extraer el producto y distribuirlo mediante redes paralelas. La distribución no se limita exclusivamente a puntos de venta ilegales en carreteras; el combustible también puede llegar a empresas con grandes flotas vehiculares, generando además una fuente adicional de financiamiento para organizaciones criminales. Los estados que concentran los principales focos rojos de este delito son Hidalgo, Jalisco, Estado de México y Nuevo León.
Dificultades logísticas y cambio en las modalidades delictivas
El aumento en las perforaciones de ductos ocurre en un escenario donde las autoridades han intensificado la vigilancia contra el llamado "huachicol fiscal", modalidad que implica la introducción y comercialización de combustibles mediante contrabando y evasión fiscal en aduanas. Expansión ha documentado que el endurecimiento de los controles en las operaciones de importación ha desplazado parte de la actividad ilegal hacia el robo tradicional por perforación. Díaz Ibarra cuestiona la efectividad de las estrategias actuales, argumentando que gran parte del combustible de contrabando no se vende en lugares clandestinos, sino en estaciones de servicio públicas debido a los volúmenes masivos involucrados.
La complejidad para detectar estas operaciones radica en la escala logística del mercado legal de combustibles en México. Se comercializan diariamente alrededor de 216 millones de litros entre gasolina y diésel. Para transportar este volumen utilizando autotanques con una capacidad estándar de 30,000 litros, se requieren aproximadamente 7,200 traslados diarios. Si se asume que cada unidad realiza dos viajes al día, la operación depende de unas 3,600 pipas. Vigilar exhaustivamente cada movimiento, así como los eslabones de almacenamiento y comercialización, resulta una tarea logística extremadamente difícil de ejecutar día tras día, según explicó el especialista.
La persistencia de estos niveles altos de robo y la dificultad inherente al monitoreo de una cadena de suministro tan vasta sugieren que el impacto financiero en Pemex continuará bajo presión mientras no se implementen cambios estructurales en la vigilancia y la seguridad de los ductos, manteniendo la brecha entre la oferta oficial y el mercado negro.



