La realidad del sector agrícola en México se caracteriza por una infraestructura vial deteriorada, la ausencia de sistemas modernos de almacenamiento y un modelo de comercialización que margina a los pequeños productores. Según el Diagnóstico integral del Programa Comercio Justo (S318) de 2026, presentado por la Secretaría de Agricultura y Ganadería (Sader), cerca de 4.4 millones de unidades de producción agrícolas enfrentan estas problemáticas históricas, las cuales limitan su capacidad de crecimiento sostenible y perpetúan niveles de pobreza extrema.
Deterioro de la red vial rural
Uno de los obstáculos más significativos para el desarrollo rural es el estado físico de las vías de comunicación. Datos oficiales de la Cuenta Pública de la Secretaría de Infraestructura, Comunicaciones y Transporte (SICT) al cierre de 2024 revelan que solo el 61.39% de la Red Alimentadora de caminos se encuentra en condiciones transitables, entendidas como un estado físico bueno o regular. Esto implica que el 38.1% restante permanece en un estado físico malo.
Esta red viaria comprende dos componentes críticos: los caminos rurales, que tienen generalmente un solo carril, son de terracería y carecen de obras de drenaje adecuadas, y las carreteras alimentadoras que conectan municipios con vías federales y estatales. La falta de mantenimiento adecuado convierte el traslado de cosechas en una operación de alto riesgo logístico y costo económico.
La evolución de este problema ha sido mínima en la última década. De acuerdo con el diagnóstico del programa presupuestario K037, dedicado a la conservación de infraestructura de caminos rurales y carreteras alimentadoras, en 2018 el 40.3% de esta red estaba en malas condiciones. En un periodo de seis años, el avance fue apenas de 2.2 puntos porcentuales, situándose en el 38.1% actual.
Impacto en la comercialización y precios
El deterioro de las vías tiene consecuencias directas en la calidad de los productos perecederos. Cultivos como el jitomate, el chile y la cebolla sufren degradación rápida debido a los retrasos y vibraciones en el transporte, lo que reduce su valor comercial al llegar a los mercados urbanos. Esta situación es especialmente crítica para los pequeños y medianos productores dedicados a artículos estratégicos como maíz, trigo, arroz, frijol, café, miel y cacao.
La Sader señala que estos productores obtienen bajos ingresos debido a dificultades para acceder a circuitos comerciales formales que garanticen un precio justo. La dependencia enfatiza que esta exclusión no solo afecta el bienestar económico inmediato, sino que restringe la capacidad de reinversión en las actividades productivas, limitando el desarrollo a largo plazo.
Un ejemplo reciente de esta crisis ocurrió en Veracruz, donde al menos 150 productores piñeros de la región de Sotavento denunciaron una grave crisis de comercialización. A pesar de lograr una producción exitosa, la falta de vías adecuadas y compradores les impidió distribuir la cosecha, dejando sin ingresos a numerosas familias agrícolas.
La intermediación y la falta de infraestructura de acopio
La ausencia de centros de acopio modernos y sistemas de refrigeración obliga a los agricultores a vender sus productos inmediatamente después de la recolección. Esta urgencia temporal es aprovechada por intermediarios que adquieren la mercancía a precios irrisorios, aprovechando la imposibilidad de los productores de almacenar o conservar sus bienes.
La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) destaca la gravedad de este fenómeno, indicando que los intermediarios retienen entre el 50% y el 70% del valor final de los productos agrícolas. Como resultado, los productores finales reciben márgenes de ganancia mínimos, mientras que el sector agrícola, que representa el 3% del Producto Interno Bruto (PIB) nacional, continúa operando bajo condiciones de vulnerabilidad estructural.
Estas cifras y denuncias subrayan la necesidad urgente de intervenir en la infraestructura básica y en los mecanismos de distribución. Sin mejoras concretas en la pavimentación de caminos rurales y la construcción de plantas de frío, la brecha entre la producción y el consumo seguirá beneficiando desproporcionadamente a la cadena intermediaria, manteniendo a millones de unidades de producción en ciclos de baja rentabilidad y alta vulnerabilidad económica.



