La leyenda de la maldición de Cabo San Lucas tiene su origen en el ataque del corsario inglés Thomas Cavendish al galeón español Santa Ana en noviembre de 1587, según crónicas históricas y tradiciones locales recopiladas por Fabiola Barrera en una publicación del 11 de agosto de 2026. Este suceso, sumado a fenómenos naturales como las "olas traicioneras" de Playa del Divorcio y un cañón submarino de más de 3,000 metros de profundidad, ha alimentado una narrativa de castigo y misterio que persiste hasta hoy.
El origen pirata de la leyenda
Durante los siglos XVI y XVII, la península de Baja California era un territorio aislado pero estratégicamente ubicado para el acecho de barcos. Las aguas de la bahía de San Lucas formaban parte de la ruta comercial del Galeón de Manila, también conocida como la Nao de China, la línea más codiciada y peligrosa del Imperio Español. Estas embarcaciones cruzaban el Océano Pacífico cargadas con tesoros: especias exóticas, sedas finas, porcelanas, perlas y lingotes de oro. Tras meses de travesía, la punta de Cabo San Lucas era el primer avistamiento de tierra firme, donde los marineros se abastecían de agua dulce.
En noviembre de 1587, Thomas Cavendish, al mando de los navíos Desire y Content, emboscó al galeón español Santa Ana, capitaneado por Tomás de Alzola, en las inmediaciones del puerto de Cabo San Lucas. Cavendish capturó la nave, saqueó su botín y ordenó prender fuego al buque español, abandonando a los supervivientes en la costa desértica. La leyenda popular sostiene que el oro y las joyas que no pudo transportar fueron enterrados en cavernas secretas cerca de El Arco o hundidos en las inmediaciones de la costa.
La venganza de la tierra y los pericúes
Las crónicas locales afirman que la ambición desmedida por aquel tesoro desató una cadena de desgracias para Cavendish, originando la maldición. El navío Content desapareció misteriosamente en el mar poco después con toda su tripulación, sin dejar rastro, lo que consolidó la creencia de que el botín robado cargaba con un castigo eterno para quien intentara poseerlo.
Antes de estos hechos, los pericúes, una etnia seminómada con una cosmogonía ligada a las fuerzas de la naturaleza, el océano y los espíritus ancestrales, ya tenían creencias sobre la transición espiritual entre el mundo terrenal y el Inframundo. El choque cultural con las misiones jesuitas durante el siglo XVIII desembocó en episodios trágicos, como la rebelión de los pericúes en 1734. Tras la paulatina extinción biológica y cultural de este pueblo, debido a enfermedades europeas y conflictos, las tradiciones orales locales sostienen que la memoria de los antiguos protectores de la tierra permaneció custodiando las costas. La "maldición" fue interpretada por los antiguos pescadores como la respuesta de los espíritus ancestrales ante la profanación de sus santuarios naturales por la codicia y el desarrollo desmedido.
Fenómenos naturales que alimentan el mito
El punto geográfico de Los Cabos es un choque entre las corrientes frías y profundas del Océano Pacífico y las aguas más cálidas y tranquilas del Mar de Cortés. Playa del Divorcio es el epicentro físico de la maldición, donde las olas y las corrientes submarinas han arrastrado a turistas desprevenidos que ignoran las advertencias. Estas "olas traicioneras" han formado parte de accidentes trágicos que alimentaron el folclore local, reforzando la idea de que el mar en ese punto específico "exige tributo", consolidando el aura mística y peligrosa de la bahía.
A pocos cientos de metros de la costa, un cañón submarino supera los 3,000 metros de profundidad. Aquí se genera el fenómeno de las Cascadas de Arena, donde las corrientes cambiantes de las fosas han dado pie a historias de buzos que afirman haber sentido presencias o haber sido arrastrados hacia el abismo, consolidando el estatus místico de las profundidades de Los Cabos.
La leyenda de la maldición de Cabo San Lucas es un recordatorio de que la naturaleza conserva su soberanía. Ya sea que se decida creer o no, es un lugar donde los viajeros curiosos pueden mirar más allá de la superficie, explorando una historia que los resorts no suelen contar.



