La coach Paola Domínguez Boullosa sostiene que la suerte no es un simple golpe del azar, sino una combinación de factores externos e internos que cada persona puede influir. En su más reciente colaboración, titulada Aprovechar la vida IV. La suerte, publicada el 4 de agosto de 2026, la autora reflexiona sobre cómo la percepción personal y las acciones diarias determinan en gran medida lo que llamamos suerte.
¿La suerte se tiene, se elige o te toca?
Domínguez Boullosa plantea que la suerte tiene dos vertientes: una es la parte impredecible, aleatoria y externa, que escapa al control individual; la otra es la que se construye a través de decisiones, hábitos y actitud. "La suerte bruta, eso que sucede no lo podemos controlar; lo que sí podemos es influir en las oportunidades y resultados", afirma la coach.
La autora añade un tercer elemento: la percepción que cada quien tiene de su propia vida. "Mi vida no ha sido una vida fácil, es más, he llegado a escuchar que no he tenido suerte. Sin embargo, yo me siento profundamente afortunada", confiesa, destacando que ha primado la suerte que se elige cada día, empezando por el lugar desde el que uno se mira.
Bendiciones disfrazadas y resiliencia
En su relato, Domínguez Boullosa menciona que, incluso en medio del caos, ha encontrado "bendiciones disfrazadas": personas, oportunidades, aprendizajes y momentos de resiliencia que le han permitido seguir adelante. "He tenido suerte y la sigo teniendo, porque mi gente sigue ahí, mis prioridades siguen ahí, mi motivación, mi ilusión y mi propósito sigue ahí", asegura.
La coach subraya que la suerte no siempre se traduce en una vida fácil o cómoda. "La suerte simplemente se trata de poder continuar", dice, y critica la tendencia a comparar vidas desde fuera, pues "comparar las vidas desde fuera es sencillo, casi primario".
La suerte verdadera está tras bambalinas
Para Domínguez Boullosa, la suerte real no se mide en superficies ni en banalidades. "La suerte –la de verdad– no está en tener una vida fácil, o menos complicada. Está en lo que uno sostiene cuando nadie lo nota", explica. Se refiere a las decisiones, los riesgos, los hábitos, la disciplina, el miedo enfrentado y el dolor silenciado.
También incluye las personas que llegan cuando falta el aire y los recursos internos y externos que permiten seguir. "Y, sobre todo, en la capacidad de aprender y seguirlo haciendo, en afinar la intuición, la percepción y en evitar a toda costa que el corazón y el alma se empañen y se empobrezcan", añade.
Una vida única e irrepetible
La autora invita a atesorar la propia vida como única, una que no se cambiaría por la de nadie, porque se ha aprendido a amar el resultado de los procesos personales. "Créame, nadie sabe los precios que ha pagado cada vida 'más o menos afortunada' para existir y seguirlo haciendo", advierte.
Finalmente, Domínguez Boullosa concluye que la vida no es cuestión de suerte, sino de criterio, supervivencia, aprendizaje y sentido propio. "No compare su vida con la de nadie. Todos estamos intentando llegar a donde podemos vivir con nosotros mismos", sentencia, y cierra con un deseo: "¡Felices suertes, felices vidas!".



