El río Tijuana, un caudal pestilente que transporta aguas negras, residuos químicos y metales pesados desde México hacia Estados Unidos, está generando una crisis ambiental y de salud pública que lleva más de dos décadas en el extremo suroeste del condado de San Diego. Excélsior documentó con un dron cómo el torrente, repleto de espuma con materia orgánica, virus, bacterias y hongos, se divide en cuatro vertientes que desembocan en el océano Pacífico tras cruzar el muro fronterizo.
El recorrido de la contaminación
Después de cruzar de México a Estados Unidos y avanzar casi cuatro kilómetros desde el muro fronterizo, el pestilente caudal corre por Saturn Boulevard, cerca de la comunidad de Nestor, en los límites de la ciudad costera de Imperial Beach. A un lado del camino rural, el insoportable olor a huevo podrido provocado por el ácido sulfhídrico, un gas altamente tóxico generado por la descomposición de millones de litros de aguas negras, genera de inmediato resequedad en la garganta y mareos, según reportaron testigos.
Advertencias en el punto crítico
Un letrero de advertencia en el “punto crítico” de Saturn Boulevard alerta sobre los altos niveles de sulfuro de hidrógeno por la contaminación del río Tijuana. “Algunas personas han sentido dolor de cabeza, náuseas o problemas para respirar. Si los síntomas persisten o empeoran, busque atención médica. Otros químicos o gases tóxicos también podrían estar presentes y afectar su salud. Adultos, niños y animales deben evitar esta área y no tocar el agua”, indica el cartel.
Impacto en el ecosistema marino
La doctora Linda Lara Jacobo, profesora investigadora de la Escuela de Salud Pública de la Universidad Estatal de San Diego (SDSU), tomó muestras de las aguas residuales del río Tijuana, que salen de color verde por grandes tubos de concreto rumbo al Pacífico. Revisó parámetros físico-químicos in situ y luego realizó en el laboratorio pruebas ecotóxicas genómicas con embriones de peces endémicos. Los primeros resultados en campo arrojaron alta salinidad, turbidez y menos de 50 por ciento de oxígeno en el flujo que llega al mar, lo que ocasiona un fuerte impacto al ecosistema y las especies marinas, que posteriormente consumimos los humanos.
“La espuma es la materia orgánica y obviamente surfactantes (compuestos químicos) que alteran el sistema endocrino de los organismos; a largo tiempo esta exposición crónica causa estragos en la reproducción que puede acabar con especies o la biodiversidad”, adelantó la investigadora.
Riesgos para la salud humana
La doctora Lara Jacobo destacó que, en los seres humanos, la contaminación del agua y los bioaerosoles que salen disparados hacia la atmósfera pueden ocasionar mareos, vómitos, ataques de asma y, a largo plazo, Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica (EPOC). Los bioaerosoles se generan cuando el torrente repleto de contaminantes rompe en las rocas y libera partículas al aire.
Una crisis que persiste
La contaminación del río Tijuana ha sido un problema recurrente durante más de 20 años. A pesar de los esfuerzos de ambas naciones, el flujo de aguas residuales sin tratar continúa afectando a las comunidades fronterizas. Los residentes de Imperial Beach y Nestor han reportado síntomas como dolor de cabeza, náuseas y problemas respiratorios, especialmente en días de viento o cuando los niveles de sulfuro de hidrógeno se elevan.
El informe de Excélsior, basado en observaciones con dron y análisis de laboratorio, subraya la urgencia de abordar esta crisis binacional. Las autoridades locales y federales han implementado medidas temporales, pero la solución definitiva requiere una inversión significativa en infraestructura de tratamiento de aguas en ambos lados de la frontera.



