Una lección de dignidad marcó el Mundial 2026 cuando niños refugiados en Seattle devolvieron sus entradas para el torneo tras la humillación sufrida por el árbitro somalí Omar Artan. Los jóvenes futbolistas, miembros de la African Youth Sports Academy, rechazaron los boletos gratuitos que habían recibido para un partido de octavos de final, en protesta por la deportación del silbante en Miami.
Un sueño truncado por la discriminación
Ali Abdulla, director de la academia y exfutbolista somalí, había recibido 20 entradas gratuitas de la alcaldesa de Seattle, Katie Wilson, para que los niños de familias inmigrantes de escasos recursos pudieran asistir al evento. Sin embargo, la noticia de la detención de Omar Artan en el Aeropuerto Internacional de Miami cambió todo. El considerado mejor árbitro de África y el primer somalí en pitar en una Copa del Mundo fue retenido durante 11 horas, acusado sin pruebas de vínculos criminales, y deportado a Somalia, país sujeto a las restricciones migratorias del gobierno de Donald Trump.
Decisión unánime contra la injusticia
Abdulla consultó a entrenadores y padres de familia, y la respuesta fue unánime: no podían celebrar mientras un compatriota sufría una humillación pública. Los boletos, valorados en casi mil dólares cada uno en el mercado oficial, fueron devueltos al comité organizador. Los jóvenes, de entre 13 y 16 años, prefirieron quedarse sin ver el torneo antes que validar el atropello institucional.
Apoyo global al árbitro somalí
La comunidad en Washington se sumó a las muestras de solidaridad internacional. En Mogadiscio, miles de aficionados recibieron a Artan como un héroe. La UEFA lo designó para arbitrar la Supercopa de Europa, un gesto interpretado como un mensaje político contra las políticas migratorias de Estados Unidos. Los niños inmigrantes seguirán el resto del Mundial por televisión, dejando una lección de vida invaluable.



