Tan cerca la solución, y tan remota: Un diagnóstico de la gestión pública en Jalisco
En cualquier ámbito de la vida, cuando algo falla, la pregunta natural es: ¿qué hicimos mal? Este cuestionamiento permite revisar los pasos previos, entender el error y, en el mejor de los casos, repararlo para evitar su repetición. Es un mecanismo simple, ético y práctico, basado en la verdad y la transparencia. Sin embargo, en el surrealista mundo de la administración pública, esta pregunta parece ausente, especialmente en contextos como Jalisco, donde los problemas se acumulan sin soluciones efectivas.
La lista de fallas en la gestión pública
La realidad de Guadalajara y Jalisco está marcada por una serie de deficiencias graves que afectan la calidad de vida de sus habitantes. Entre ellas, destacan:
- La falta de agua potable y su escasez en la zona metropolitana.
- El control del crimen organizado sobre territorios y vidas.
- Un sistema de justicia que beneficia principalmente a los corruptos.
- La contaminación del aire en la Perla de Occidente.
- La baja calidad de la educación pública.
- El despilfarro de recursos del erario en ocurrencias.
- Un transporte público deficiente.
- Una democracia reducida a la demagogia.
- La normalización de la desaparición forzada, inseguridad, fosas clandestinas y violencias.
- La persistencia de la desigualdad social.
Frente a esta lista, surge una pregunta crucial: ¿qué hicimos, o qué hacemos, para que tantas cosas estén tan mal? En el ámbito político, los gobernantes y aspirantes rara vez se cuestionan sus acciones. Cuando algo falla, la culpa se atribuye a antecesores de bandos opuestos, sin una autocrítica genuina.
Ejemplos de negación y falta de verdad
Dos casos ilustran esta dinámica en Jalisco. En febrero de 2024, el gobernador Enrique Alfaro declaró que "el agua no será un problema en el estado por al menos cincuenta años". Esta afirmación, lejos de resolver la crisis hídrica, revela una postura que ignora la gravedad del asunto y prioriza la imagen sobre la realidad. De manera similar, tras la aprehensión y muerte del Mencho, la Presidenta Sheinbaum afirmó que "Jalisco está en paz", desentendiéndose del fenómeno del crimen organizado y mostrando una nula disposición hacia la verdad.
Estos ejemplos no son aislados; reflejan una tendencia donde los problemas graves—como el agua, las balaceras, los desaparecidos y la corrupción—se abordan con campañas de control de daños, buscando que desaparezcan de la opinión pública, en lugar de solucionarlos de raíz. La experiencia rutinaria en Guadalajara enseña que, para la clase política, el fin no es resolver, sino preservar su prestigio autoconferido.
La necesidad de una autoevaluación honesta
La crisis del agua en Guadalajara, que incluye problemas de cantidad, calidad, tratamiento e inundaciones, no se resolverá solo con dinero. El primer paso debe ser que el Gobierno responda a la pregunta: ¿qué hicimos mal? Esto implica asumir la crisis instalada por administraciones anteriores y diagnosticar las fallas. Entre los errores clave, se encuentran:
- Instituciones como el SIAPA, permeadas por la corrupción, donde se designan cargos a personas no aptas.
- La falta de planeación en el desarrollo urbano de Guadalajara.
- La ausencia de transparencia y verdad en la comunicación pública.
- Deficiencias técnicas y limitaciones presupuestales.
Este enfoque no solo aplica para la crisis hídrica, sino también para la inseguridad, desigualdad y problemas medioambientales. Sin embargo, implementarlo es difícilísimo, ya que requiere una política basada en la democracia deliberativa y la rendición de cuentas, conceptos que no se acomodan a la actual clase política. La pregunta final que debemos hacernos como sociedad es: ¿podemos confiar en que quienes gobiernan resolverán los problemas graves, o estamos condenados a la mala suerte? La solución está cerca, pero se vuelve remota por la falta de voluntad para enfrentar la verdad.



