El presidente Andrés Manuel López Obrador se ha caracterizado por una singular tradición en sus conferencias matutinas: la entrega de libros a periodistas, funcionarios y ciudadanos que lo acompañan en Palacio Nacional. Esta práctica, que ha marcado su comunicación política, es el tema central de la más reciente columna de Ciro Gómez Leyva en Excélsior, titulada 'Regalar libros'.
En este texto, Gómez Leyva no se limita a describir el hecho, sino que profundiza en el significado detrás de cada ejemplar entregado. Para el autor, los libros no son una simple cortesía; son un instrumento de pedagogía política que el presidente utiliza para difundir su interpretación de la historia mexicana y de la llamada Cuarta Transformación.
La mañanera como escenario de regalos
Desde los primeros días de su gobierno, en diciembre de 2018, el presidente aprovechó el foro de la mañanera para obsequiar obras de distintos autores. La selección ha incluido desde biografías de héroes nacionales hasta textos sobre la economía y la política contemporánea. En las más de mil conferencias que ha ofrecido hasta la fecha, este gesto se ha repetido en numerosas ocasiones, convirtiéndose en un elemento más del ritual matutino.
Ciro destaca que el hecho de que el presidente tarde en elegir el libro perfecto para cada persona no es accidental. Según el columnista, cada entrega está acompañada de una breve explicación sobre el contenido de la obra y su relevancia para el momento. Así, el regalo se convierte en una lección improvisada, una forma de que los presentes y quienes siguen la transmisión reciban un mensaje adicional.
El impacto del obsequio
El autor observa que la estrategia ha tenido un efecto mixto. Por un lado, ha sido aplaudida como una medida que fomenta la lectura y que acerca los libros a la gente. Por otro, algunos críticos la ven como una manera de promover textos que exaltan la figura presidencial o que justifican sus políticas. Gómez Leyva no toma partido de manera abierta, pero sugiere que la intención es tanto educativa como propagandística.
En su columna, también recuerda que esta práctica no es exclusiva del sexenio actual. Durante su campaña presidencial, López Obrador repartió libros a los asistentes a sus eventos, en un esfuerzo por crear una relación más directa con sus simpatizantes. La diferencia ahora, apunta, es que el escenario es el poder: cada libro entregado en Palacio Nacional adquiere una dimensión simbólica mayor.
Un legado en letras
Ciro finaliza planteando que los regalos de libros podrían ser vistos como un intento de construir un legado tangible. Más allá del discurso y los programas sociales, los libros representan una herencia cultural que puede perdurar después del gobierno. El columnista se pregunta si, en el futuro, estos volúmenes serán recordados como una aportación al fomento de la lectura o como un instrumento de propaganda política.
Con su habitual estilo directo, Gómez Leyva deja al lector con la tarea de formarse su propia opinión sobre el verdadero propósito de esta práctica. Lo que es innegable, sostiene, es que el libro ha encontrado un lugar sorprendente en el escenario político mexicano.



