El Ataque a Irán: Una Violación del Derecho Internacional y el Inicio de un Conflicto Peligroso
El reciente ataque conjunto de Estados Unidos e Israel contra Irán constituye un nuevo y grave atropello al derecho internacional, abriendo un conflicto bélico en la región de Medio Oriente que amenaza con expandirse de manera incontrolable. Esta nueva guerra carece de objetivos racionales y claros, representando más bien una embestida bárbara cuyos desarrollos y consecuencias podrían ser totalmente inopinados.
El Fracaso del Orden Mundial y el Regreso al Estado de Naturaleza
No se pretende aquí omitir las perversidades del régimen iraní, tales como su fomento del terrorismo anti-occidental, su carácter oligárquico o el maltrato sistemático a las mujeres, todas ellas realidades inocultables. Sin embargo, el propósito central es subrayar la inefectividad crónica del derecho internacional, ya demostrada en el caso de Venezuela y que ahora presenciamos nuevamente con Irán. Estamos, sin duda, ante el fracaso estrepitoso del derecho como regulador de las relaciones entre naciones.
Estos acontecimientos sugieren que, en el mundo actual, la humanidad ha regresado al estado de naturaleza descrito por Tomás Hobbes: un dominio del más fuerte, sin trabas ni reglas, donde unos combaten a otros en una guerra sin límites. La humanidad enfrenta una crisis histórica sin paralelo, caracterizada por:
- El colapso de la razón y la invalidación de la legalidad internacional.
- La proliferación alarmante de autocracias y la declinación del prestigio de la democracia.
- El fracaso de las Naciones Unidas como reguladora del orden mundial.
- El peligro siempre latente de una hecatombe nuclear.
- El deterioro brutal del medio ambiente, que nos conduce fatalmente hacia la destrucción de la vida humana.
Un Momento Crítico para la Reflexión y el Cambio Global
Tal vez este sea el momento crítico para detenernos a reflexionar, realizar una evaluación de conjunto y cambiar radicalmente el rumbo de nuestra conducta colectiva. Como señala el distinguido filósofo Luigi Ferrajoli, "de no cambiar, en siglo y medio la tierra será inhabitable". Sufrimos la tutela de un absolutismo político y estamos encerrados en un callejón sin salida; urge, por tanto, construir una vía de escape utilizando medios racionales y pacíficos.
No podemos simplemente regresar a la Organización de las Naciones Unidas en su forma actual. Se necesita reformular el pacto mundial sobre la base de nuevos principios y nuevos instrumentos jurídicos. La estrategia a utilizar debe ser el diálogo racional, inteligente y escalonado, con acuerdos parciales que construyan confianza. Se requiere edificar una federación política global que reúna a naciones autónomas y libres.
Los Tres Grandes Flagelos y las Nuevas Garantías Globales
En esta nueva arquitectura mundial, la fuerza debe ceder su lugar al consenso, construido en torno a un nuevo derecho: una constitución mundial que asegure garantías fundamentales para todos los seres humanos. La política debe concebirse como prospección del futuro, enfrentando tres grandes flagelos de la humanidad:
- El íncubo nuclear y la amenaza de destrucción masiva.
- El calentamiento global y la crisis ambiental.
- La desigualdad económica y social rampante.
Para resolver estos desafíos, es necesaria una lucha a través de una alianza de todas las fuerzas democráticas del mundo, que se enfrente al cónclave de autócratas que actualmente domina la escena global. El nuevo constitucionalismo habrá de fundarse en ocho nuevas garantías globales esenciales:
- La salud como un derecho universal para todos.
- Una ciudadanía universal que trascienda fronteras.
- Una contribución fiscal equitativa de todos.
- Una educación universal de calidad accesible.
- Un salario-base universal que garantice dignidad.
- La paz mundial como principio rector.
- El cuidado y preservación de la naturaleza.
- La igualdad sustantiva, donde los derechos sean verdaderamente para todos.
Esta transformación global debe conquistarse, no con las armas y la violencia, sino con la razón, el diálogo y la voluntad colectiva. El argumento aquí postulado es irrefutable: pobres y ricos coincidimos en la necesidad de firmar una carta jurídica que instale a nivel planetario un orden social democrático, el único capaz de garantizar nuestra supervivencia como especie. Solo queda ponerlo firmemente en la agenda pública y actuar con determinación.
