Cartas de sacerdote a favor de 'El Menchito' reavivan debate sobre Iglesia y narcos
Sacerdote defiende a 'El Menchito' y reaviva debate Iglesia-narcos

Cartas de sacerdote a favor de 'El Menchito' reavivan debate sobre Iglesia y narcos

Una intervención directa del sacerdote José Dolores Aguayo, conocido afectuosamente como el padre Lolo, en el proceso judicial contra Rubén Oseguera González, alias "El Menchito", en Washington D.C., ha desatado una intensa discusión sobre el papel de la Iglesia Católica en su relación con el crimen organizado en México. El religioso envió al menos dos cartas a la jueza Howell, quien lleva el caso, recomendando a la familia Oseguera González.

La primera misiva defendía a Jéssica Johana Oseguera, mientras que la última, fechada el 25 de enero de 2026, abogaba específicamente por Rubén. En esta comunicación, el padre Lolo se presentó como director espiritual del acusado y argumentó: "Él proviene de una familia muy católica practicante. Ha reflexionado mucho sobre su futuro, ha leído la Sagreda Escritura. Cuando algún texto toca su corazón, compartimos sobre el mismo... A pesar de los errores que pudiera haber cometido, es un hombre que ha sido tocado por la misericordia de Dios".

Una línea pastoral difusa

La respuesta del Arzobispado, que calificó el asunto como "pastoral", no ha logrado apaciguar las críticas. Expertos señalan que existe una clara diferencia entre el acompañamiento espiritual a cualquier preso y la intercesión directa en un juicio penal, lo que representa una confusión entre "lo que es de Dios y lo que es del César", en términos bíblicos.

Al intervenir en el proceso legal, el padre Aguayo se ha colocado en una posición comprometedora que obliga a cuestionar:

  • ¿Realiza este tipo de gestiones para todos los presos de su comunidad?
  • ¿Existe una relación particular, y posiblemente económica, con la familia Oseguera?
  • ¿Dónde están los límites éticos de la labor pastoral?

Precedentes preocupantes

Este no es un caso aislado en la historia reciente de México. Otros episodios que han generado controversia incluyen:

  1. El padre Gerardo Montaño en Tijuana, quien falsificó un acta de bautizo para proporcionar una coartada a los Arellano Félix tras el asesinato del cardenal Posadas.
  2. La protección que el Nuncio Girolamo Priggione brindó a los Arellano Félix en la Nunciatura Apostólica.
  3. La célebre declaración del obispo Ramón Godínez, cuando estaba en la diócesis de Aguascalientes, afirmando que "el dinero de los narcos se purificaba si se donaba con buena intención" y que no correspondía a la Iglesia investigar el origen de los recursos.

Un debate global con raíces locales

Existe una amplia discusión dentro de la Iglesia Católica a nivel mundial sobre cómo manejar su relación con las mafias y el crimen organizado. Por un lado, es innegable que estas estructuras criminales atraviesan familias y comunidades enteras, haciendo imposible que sacerdotes y párrocos permanezcan ajenos a la realidad de sus fieles. Los criminales son hijos, hermanos y nietos de personas comunes, muchas de ellas creyentes practicantes.

Por otro lado, resulta evidente que los miembros del crimen organizado utilizan estratégicamente a la Iglesia para:

  • Lavar su imagen pública a través de donativos sustanciales
  • Congraciarse con las comunidades locales
  • Penetrar socialmente en territorios donde operan

No debe confundirse lo piadoso con lo mafioso. En aras de la transparencia y la credibilidad institucional, el padre Lolo está obligado a aclarar públicamente si recibió donativos de la familia Oseguera o si su intervención fue simplemente una acción pastoral carente de prudencia. Paralelamente, la Iglesia Católica en México necesita definir, o al menos problematizar abiertamente, los límites éticos de su labor pastoral en contextos de alta criminalidad.