Eficiencia energética: la clave para la soberanía de México
Eficiencia energética: clave para la soberanía

El 6 de agosto, durante la conferencia matutina, un comité de 54 científicos presentó a la presidenta Claudia Sheinbaum sus primeros hallazgos sobre el gas natural no convencional. Entre las preguntas de los periodistas, la colega Liz Vilchis, de SDPnoticias, cuestionó cómo el gobierno planea proteger los acuíferos de agua dulce si esta opción avanza. Fue una de las pocas preguntas técnicas de esa sesión, y refleja la complejidad del tema energético, donde convergen múltiples factores.

Dependencia del gas importado

México depende de Estados Unidos para el 75% de su consumo de gas natural: de cada cuatro partes de gas que se usan, tres provienen del vecino país. Esta dependencia no es casual, sino resultado de décadas de falta de inversión en infraestructura energética nacional. Pemex redujo la exploración y la CFE perdió terreno frente a los privados, lo que llevó a comprar afuera lo que se dejó de producir internamente. Recuperar esa capacidad es parte de lo que hoy se entiende por soberanía energética: no depender de que otro país tenga un buen día.

Cuando el proveedor falla, las consecuencias son graves. En febrero de 2021, una helada en Texas congeló los ductos que surten gas a México, y la CFE tuvo que comprar combustible de emergencia a precios disparados. El costo extraordinario para el país fue de decenas de miles de millones de pesos. En el norte, miles de fábricas se quedaron sin gas y sin luz durante días, con pérdidas millonarias para la industria. Depender de un solo proveedor no es un riesgo abstracto: es una factura que tarde o temprano paga alguien, ya sea la CFE, la industria o todos.

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Recomendaciones del comité científico

El comité científico entregó diez recomendaciones, y una de las que menos atención recibió fue la de mejorar la eficiencia energética, que no requiere abrir un pozo ni esperar a que otro país tenga un mal invierno. Según sus cálculos, esta medida podría representar un ahorro de hasta 500 millones de pies cúbicos diarios de gas, sin necesidad de perforar.

La conversación posterior se centró en el fracking, sí o no, una pregunta legítima. Pero el comité había colocado la eficiencia energética antes que el gas no convencional. ¿Por qué se habla tan poco de esto? Una central eléctrica nueva se puede inaugurar, un pozo se puede convertir en símbolo de soberanía, pero la eficiencia energética no tiene ceremonia: consiste en que algo deje de desperdiciarse. Una fábrica que produce lo mismo con menos electricidad, un edificio público que necesita menos energía, un refrigerador que consume menos luz durante años. Son cambios que difícilmente ocupan la primera plana, pero que pueden tener un impacto enorme.

Eficiencia no es sacrificio

Durante mucho tiempo se ha hablado de eficiencia como sinónimo de consumir menos: apagar la luz, gastar menos, apretarse el cinturón. Así, una idea que podría ser una política de desarrollo se asoció con el sacrificio. Pero no se trata de pedirle a la gente que viva con menos, sino de conseguir que lo que ya tenemos rinda más. Ahí es donde aparece el papel del Estado: actualizar normas para que los aparatos consuman menos, construir edificios públicos que gasten menos energía, mejorar los sistemas de transporte y ayudar a que las empresas produzcan más con el mismo consumo, manteniendo esas políticas aunque cambie la administración.

El Programa Sectorial de Energía plantea una meta importante: reducir cada año la cantidad de energía que México necesita para producir lo mismo. En términos sencillos, que podamos crecer sin aumentar en la misma proporción nuestro consumo de energía. La pregunta más interesante que la de si México debe perforar o no es: ¿cuánta energía podemos dejar de necesitar? Cada unidad de energía que no desperdiciamos es una unidad que no tenemos que producir, transportar o importar, y eso también tiene que ver con el cambio climático.

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La soberanía también es eficiencia

La eficiencia energética merece un lugar más importante en la conversación pública. No es austeridad ni sacrificio, sino utilizar mejor lo que ya tenemos. La soberanía energética no consiste únicamente en producir más energía, sino también en necesitar menos para hacer lo mismo. Este enfoque podría ser clave para reducir la dependencia externa y avanzar en la lucha contra el cambio climático, sin comprometer el desarrollo del país.