Acción Climática 2030 en CDMX: el reto de coordinar para ejecutar
Acción Climática 2030: el reto de coordinar

La Ciudad de México cuenta oficialmente con el Programa de Acción Climática 2025-2030, un instrumento que reconoce que el cambio climático no puede enfrentarse desde un solo lugar ni con acciones aisladas. Integrar movilidad, agua, energía, infraestructura verde, calidad del aire, residuos y planeación urbana en una misma estrategia es uno de sus mayores aciertos. Sin embargo, el verdadero desafío será demostrar que la ambición se traduce en resultados concretos.

Un programa ambicioso pero con retos de ejecución

El programa establece metas claras: reducir un 35% las emisiones de gases de efecto invernadero hacia 2030, tomando como referencia los niveles de 2016, y realizar al menos 100 mil intervenciones de adaptación, gestión de riesgos y resiliencia climática. Para lograrlo, propone 95 medidas distribuidas en ocho ejes estratégicos. Según Jesús Sesma Suárez, autor del artículo, “el programa tiene amplitud y dirección, pero el reto será demostrar que también tendrá capacidad de ejecución”.

La amplitud de las metas no debe eclipsar las dificultades operativas. Cada eje requiere la participación de múltiples dependencias, alcaldías, empresas, universidades y la ciudadanía. Lograr que todos trabajen con los mismos objetivos, presupuestos y criterios es donde el reto se vuelve más complejo.

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Movilidad: más allá de la electrificación

En el ámbito de la movilidad, el programa apuesta por la electrificación de las unidades de transporte. Esta medida puede contribuir a reducir emisiones y mejorar la calidad del aire, pero Sesma advierte que “no resolverá por sí solo los problemas de traslado de millones de personas”. Se necesita transporte público suficiente, accesible y bien conectado, así como mejores condiciones para peatones y ciclistas.

Si bien cambiar la tecnología de los vehículos es importante, no sustituye la obligación de reducir la dependencia del automóvil y ordenar el crecimiento urbano. La planeación urbana sostenible es una de las grandes complejidades de la capital, y sin ella, cualquier avance tecnológico será insuficiente.

El agua como prioridad

El manejo del agua es otra asignatura pendiente. Captar lluvia, reducir fugas, reutilizar el recurso y proteger las zonas de infiltración son medidas indispensables. Sin embargo, Sesma subraya que “sólo funcionarán si se aplican con verdadera visión y enfoque, primero en las zonas donde la escasez, el deterioro de la red y el riesgo de inundaciones golpean con mayor fuerza”. La inequidad en la distribución del agua exige acciones focalizadas.

La infraestructura verde y la revegetación ofrecen múltiples ventajas. Plantar árboles y recuperar espacios públicos siempre será positivo, pero “el éxito dependerá de que todas las acciones logren traducirse en una mejora real en la calidad de vida de las y los capitalinos, especialmente en las colonias con mayor densidad poblacional, menos áreas verdes y mayor exposición al calor”. Además, se debe garantizar la conservación y mantenimiento de estas áreas.

Economía circular y basura cero

La estrategia Basura Cero y la economía circular representan una oportunidad importante no solo para reducir impactos ambientales, sino también para crear empleos y nuevas cadenas productivas. No obstante, Sesma señala que “requieren reglas claras, infraestructura, incentivos y una corresponsabilidad real entre gobierno, empresas y ciudadanía, a fin de no quedarse en un círculo de buenas intenciones”.

Sin una coordinación efectiva, estas iniciativas corren el riesgo de fracasar. El programa contempla la participación de todos los sectores, pero la experiencia muestra que alinear intereses y recursos es un desafío constante.

La clave: coordinación y corresponsabilidad

La mayor fortaleza del programa es también su mayor debilidad: la coordinación. Sesma concluye que “estas observaciones no buscan ser una crítica al programa, que tiene el potencial de transformar la manera en que se planea y administra la Ciudad de México, sino dejar claro que su éxito no dependerá de la cantidad de metas, sino de la capacidad para convertirlas en resultados reales mediante acciones coordinadas, medibles y sostenidas”.

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La ruta está trazada. El llamado es a todos los sectores involucrados a contribuir desde su parte correspondiente, pues de la participación de todos depende lograr una ciudad más saludable, eficiente y mejor preparada ante los desafíos climáticos.