El sector bancario en México ha adoptado una postura más cautelosa respecto a la emisión de tarjetas de crédito, una decisión motivada por la intensa competencia generada por los bancos digitales y un dinamismo económico limitado. Esta estrategia de retracción contrasta con el comportamiento de los consumidores más jóvenes, quienes están acumulando hasta cinco instrumentos de este tipo, lo que plantea nuevos desafíos de riesgo para las instituciones financieras.
Estrategias divergentes entre bancos tradicionales
Hasta mayo del año en curso, la cartera total de tarjetas de crédito colocada por los bancos alcanzó los 727,672 millones de pesos. A pesar de que el crédito total bancario mostró un crecimiento general del 12%, varias instituciones clave optaron por contraer su colocación específica en este producto. Entidades como Banregio, Banco Azteca, HSBC, Santander e Inbursa registraron disminuciones en sus carteras, evidenciando un cambio en la estrategia de expansión hacia este segmento.
Banorte, identificado como el segundo banco más grande por monto prestado, presenta un caso particular. En mayo, el instituto financiero reportó un crecimiento del 23% en su cartera de crédito en tarjetas. Sin embargo, durante una conferencia con inversionistas, la institución señaló que ya observan que los jóvenes acumulan entre cuatro y cinco tarjetas de crédito. Este fenómeno representa una carga financiera significativa debido a las elevadas tasas de interés asociadas a estos créditos.
Para mitigar estos riesgos, Banorte busca atraer a los clientes, especialmente al público joven, hacia relaciones bancarias más permanentes. Según se informó en una llamada con inversionistas liderada por Marcos Ramírez, la propuesta de valor incluye tanto tarjetas de crédito tradicionales como garantizadas. El objetivo es vincular el lado de la captación con el de crédito, permitiendo que los jóvenes crezcan financieramente de manera ordenada y reduciendo sustancialmente las tasas de incumplimiento.
Inclusión financiera y aumento de la morosidad
Mientras Banorte intenta educar financieramente a los jóvenes, otros bancos priorizan la calidad del riesgo sobre la cantidad. Inbursa contrajo su colocación de tarjetas en un 2.7% durante mayo. Ante sus inversionistas, la institución expuso que su estrategia no consiste en entrar a segmentos de la base de la pirámide, donde se cobran tasas muy elevadas. Aunque reconoce que este negocio puede ser rentable, Inbursa buscará enfocarse en la población de menor riesgo y con tasas de interés bajas.
Scotiabank coincide en parte con la observación de Banorte sobre la tenencia múltiple de tarjetas. El banco confirmó a Expansión que es común que los mexicanos tengan más de un instrumento de este tipo, un comportamiento visible en la información del Buró de Crédito. Para Scotiabank, que los clientes posean más de una tarjeta no es intrínsecamente positivo ni negativo; por el contrario, interpretan esta tendencia como señal de un consumidor mexicano más sofisticado que gestiona activamente su liquidez.
Pablo Ordóñez Peniche, vicepresidente director de GBM Research, señala que el apalancamiento de los hogares ha experimentado un ligero incremento, según datos del Banco de México. No obstante, el porcentaje del ingreso mensual destinado al pago de intereses se ha mantenido relativamente estable, con un aumento leve solo en el grupo de acreditados de menores ingresos. Ordóñez destaca que las fintechs han adoptado un enfoque más flexible hacia el riesgo, utilizando mensajes comerciales como "no revisamos el Buró de Crédito" para atraer a usuarios con acceso limitado al sistema financiero. Esta dinámica ha llevado a algunos bancos a mostrar un mayor apetito de riesgo en préstamos al consumo.
Impacto macroeconómico y perspectivas futuras
Los expertos consultados coinciden en que, aunque el mercado ofrece oportunidades a largo plazo, la entrada de nuevos jugadores incrementa los riesgos a corto plazo para las instituciones financieras. Sobre la morosidad, el índice de todos los bancos aumentó al 3.35% desde el 3% en mayo, de acuerdo con cifras de la Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV). Este incremento, registrado en los últimos seis meses, es de magnitud limitada.
Ordóñez explica que gran parte de la banca no considera este aumento de la morosidad como un riesgo estructural. Lo atribuyen principalmente al entorno macroeconómico actual de México, caracterizado por una debilidad general del consumo en 2026 y al proceso de inclusión financiera que atraviesa el país. La combinación de estas variables obliga a los bancos a recalibrar sus modelos de riesgo, priorizando la sostenibilidad sobre la expansión agresiva en un mercado saturado.



