Cicatrices de la Guerra Cristera: libertad de culto tras 100 años
Cicatrices de la Guerra Cristera: libertad de culto

El primer domingo de agosto de 1926, las iglesias de todo el país permanecieron cerradas. Era el preludio de la Guerra Cristera, un levantamiento campesino y religioso contra el gobierno. La primera batalla ocurrió el 29 de ese mes en Huejuquilla el Alto, Jalisco, con el grito rebelde de "¡Viva Cristo Rey!".

La confrontación fue la respuesta a la Ley Calles, promulgada el 31 de julio de 1926. La normativa buscaba limitar el poder de la Iglesia católica: restringía las órdenes religiosas, acotaba el número de sacerdotes y prohibía el culto público fuera de los templos. Los obispos decidieron suspender las misas en todo el territorio nacional como protesta.

La fe en la clandestinidad y la Virgen escondida

Con las iglesias clausuradas y los sacerdotes en la clandestinidad, los católicos celebraron misas en domicilios particulares. El historiador Jean Meyer, en el tomo I de La Cristiada, reproduce un testimonio manuscrito: "Se cerró el templo, el sagrario quedó desierto, quedó vacío, ya no está Dios ahí, se fue a dejar de ser huésped de quien gustaba darle posada ya temiendo ser perjudicado por el gobierno".

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La venerada tilma de la Virgen de Guadalupe también fue ocultada. Por orden del abad Feliciano Cortés y Mora, entre 1926 y 1929 la imagen original permaneció guardada en un ropero de una casa particular; en su lugar, una copia ocupó el altar de la basílica. El recelo surgió por el atentado de 1921, cuando una bomba escondida en un arreglo floral explotó frente a la imagen. Excélsior lo publicó el 15 de noviembre: "Un atentado sacrílego se cometió en la Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe".

Fusilamientos y persecución anticlerical

El 15 de agosto de 1926, por mandato de Plutarco Elías Calles, comenzó el fusilamiento de sacerdotes y fieles alzados. Las primeras víctimas fueron Luis Batis Sáinz y los laicos Manuel Morales, Salvador Lara Puente y David Roldán Lara, ejecutados en Chalchihuites, Zacatecas. La expulsión de sacerdotes extranjeros fue noticia en Excélsior desde el 18 de febrero de 1926: "Todos los sacerdotes extranjeros tendrán que salir de México".

De acuerdo con Jean Meyer, el conflicto dejó más de 250 mil muertos: 80 mil combatientes y cerca de 170 mil civiles. En el Bajío, los soldados de Calles colgaron a los cristeros en postes de telégrafo. El corrido popular aún recuerda el martirio: "El martes me fusilan a las seis de la mañana por creer en Dios eterno y en la gran Guadalupana...".

La violencia no se limitó al centro del país. En 1928, el gobernador de Tabasco, Tomás Garrido Canabal, ordenó cerrar iglesias y destruir imágenes. Dos años después, la Catedral del Señor de Tabasco fue saqueada e incendiada, convertida en una escuela racionalista, demolida finalmente en 1934; su reconstrucción no comenzó hasta 1945.

Miguel Pro: mártir y emblema de los derechos humanos

Entre las víctimas más recordadas está el padre Miguel Agustín Pro Juárez, fusilado sin juicio en el sitio donde hoy se ubica la Lotería Nacional. En 1961, el periodista Julio Scherer García entrevistó para Excélsior al general Roberto Cruz, supervisor del fusilamiento. Al preguntarle si estaba arrepentido, Cruz respondió: "¿Cómo puede estarlo un militar que cumple con su deber, con una orden del presidente de la República?".

La omisión en los libros de texto y la vía del perdón

Raúl Tortolero Crespo, autor de Pensamiento Cristero: Dios al Centro de la Vida, señaló a este diario que la Guerra Cristera fue borrada de los currículos escolares durante décadas. "Los gobiernos emanados de la Revolución Mexicana y sus versiones actuales son herederos de una misma tradición anticristiana", afirmó. "Esa narrativa sigue ocultando deliberadamente a los cristeros y exaltando a quienes persiguieron la fe".

El también presidente del Consejo Nacional de Nueva Derecha consideró que el Estado mexicano debería ofrecer una disculpa pública por las muertes, como ha hecho en otros episodios. "Se lo propusimos públicamente hace un año desde el Consejo Nacional de Nueva Derecha y en un afán de reconciliación nacional le conviene hacerlo", declaró.

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Legado: de la resistencia a la libertad de culto

Para Tortolero, el verdadero legado es "poner a Dios al centro de la vida. Y no al dinero, al éxito, a una ideología". En 2015, el caricaturista Luis de la Torre (1932-2024), autor de 1926. Ecos de la Cristiada, dijo a Excélsior que la libertad religiosa actual proviene de los cristeros: "Yo puedo comprobar, con más de cien entrevistas a cristeros, que fueron realmente hombres de batalla".

El enfrentamiento terminó el 21 de junio de 1929, con acuerdos entre el presidente interino Emilio Portes Gil y los arzobispos Leopoldo Ruiz y Flores y Pascual Díaz Barreto, con el visto bueno del papa Pío XI. Pero fue hasta marzo de 2012 cuando el Congreso reformó los artículos 24 y 40 de la Constitución para reconocer el derecho a la libertad de conciencia y religión, tanto en público como en privado.

Un siglo después, las cicatrices de la Guerra Cristera perviven como testimonio de una lucha que transformó la relación entre el Estado y la fe en México.